«Yo no quería ningún tipo de acuerdo, sino que se condene a este hombre con los cargos pertinentes. Primero, por justicia por mí, porque se me ha robado la infancia, y en segundo lugar, porque no sabemos si hay más víctimas«, ha explicado este jueves una víctima de presuntos abusos sexuales durante la infancia en Córdoba, tras declarar en el juicio que celebra la Audiencia provincial de Córdoba.
A preguntas de los periodistas, ha dado a conocer su experiencia con objeto de concienciar y de ayudar a otros niños y niñas. La Fiscalía y la acusación particular, ejercida por su familia, solicitan penas que superan los 24 años de cárcel para el acusado. Según ha avanzado el Ministerio Público en sus conclusiones provisionales, este individuo, fotógrafo de profesión, abusó de la perjudicada cuando ella tenía entre 6 y 12 años de edad; la grabó; le mostró vídeos de contenido sexual y compartió material pedófilo. Los hechos habrían finalizado en torno al año 2016.
La víctima relató lo sufrido, primero, a su mejor amigo y tres años más tarde, al cumplir la mayoría de edad, a su propia madre. En la actualidad, estudia una carrera universitaria en otra ciudad y es que siempre ha sido una estudiante excelente. «Tú me conoces y no se me nota, hasta que lo cuento y a mucha gente se le descompone la cara», explica a sus 20 años de edad.
Atrás quedan las «autolesiones» y las «ideaciones suicidas». Recuerda que «con 10 años ya tenía pensamientos de suicidio. Yo pensaba que iba a poner la carta cuando me di cuenta (de lo que sucedía)». No obstante, en la actualidad continúa necesitando acompañamiento psicológico y la experiencia le sigue afectando, entre otros ámbitos, en su relación de pareja.
«La fase de instrucción sí fue muy dura»
Al ser preguntada por el procedimiento judicial, admite que «la fase de instrucción sí fue muy dura. Me sentí aún más machacada, porque el trabajo de un juez es juzgarte. Te preguntan por qué no lo has dicho antes y te sientes mal. Pero aquí (hoy en el juicio) sí me he sentido mucho más arropada, más protegida. Me he roto a llorar y el juez lo ha parado y me ha dicho que no me disculpe».
«Teníamos más preguntas guardadas en el tintero, pero una vez que he terminado de llorar y me he recompuesto, han pasado directamente a las preguntas de la defensa. Yo creo que ha sido porque no hacía falta nada más», señala.
«Él era, de puertas para afuera, un padre ejemplar»
La víctima ha relatado que el procesado no es su padre biológico, pero era pareja de su madre. Su progenitora y ella misma emigraron a España cuando ella era muy pequeña, buscando un futuro mejor. Las circunstancias familiares y personales, e incluso la insistencia del acusado, según detalla, la frenaban en la denuncia de los hechos. «Él era, de puertas para afuera, un padre ejemplar, de estos que siempre están ahí», recuerda.
