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Polémica por la estatua de Roca en Bariloche: la opinión de dos historiadores


Roberto de Tito y Pacho O’ Donell ponen en discusión la decisión de remover el monumento emplazado en la plaza central de la ciudad rionegrina.

Según el historiador Ricardo de Tito, la decisión de remover –o destruir– el monumento a Julio A. Roca emplazado en la plaza central de Bariloche –sitio visitado por miles de personas al año– «es controversial. Mi objeción contiene un abanico de cuestiones –de contenido y metodológicas– que, creo, deberían considerarse dado que no se trata de una cuestión de simpatías o preferencias personales (¿Colón versus Azurduy?)».

«Comenzaré por plantear el tema desde un ángulo que, justamente, pone en cuestión la cultura de la cancelación. Toda mi generación fue educada en el ninguneo al “tirano” Rosas. Sus años apenas ocupaban unas páginas en los manuales de historia y, mientras Rivadavia o Lavalle eran endiosados, el Restaurador no merecía sino condenas sin matices. La educación impuso así modelos de seres ejemplares –San Martín y Belgrano, intocables; Moreno el “numen de Mayo” y Sarmiento “el padre del aula”– como era antes con la vida de los santos», afirma.

Continúa: «Menem resolvió repatriar los restos de Rosas y ahora su monumento ecuestre mira al de los Españoles en la misma esquina que hacía tiempo lucía el de Sarmiento y hoy no nos sorprende Rosas con su rostro en los billetes, como tampoco el perfil de Evita, otra figura impensable en mi juventud cuando Perón, como Rosas, era solo un dictador».

Luego aclara: «Resulta que la campaña al desierto de Roca no fue la primera sino la tercera con un mismo plan. La de los tiempos virreinales abortó; sobre sus huellas Rosas avanzó hasta el valle de río Negro y tomó posiciones en Choele-Choel entre 1833 y 1834, sometiendo o disciplinando a los aborígenes de la pampa (tehuelches, salineros y ranqueles); y Roca encabezó la que culmina en 1884. ¿Es que se repite aquel viejo modelo de juzgar y hubo acaso campañas “buenas” y otras “malas”

Por último señala que «si adoptáramos en serio –y en serie– la idea de enjuiciar a todos los protagonistas de nuestra historia y, en base a esos juicios, “barrer” los que nos disgustan, me temo que será hora entonces de ir anulando en todo el país nombres de ciudades y pueblos y obras públicas y de cambiar todas las calles del país por números. Tengo opinión sobre la gestión de Roca y condeno el maltrato y la usurpación a los pueblos originarios, pero en el tema que nos convoca me inclino por consultar a los especialistas y por tomar decisiones desapasionadas luego de un debate democrático y pluralista que involucre a toda la comunidad».

Por su parte, el historiador Pacho O’Donell se preguntó: «¿Qué hubiera pasado si la Argentina no ocupaba la Patagonia? La Conquista del Desierto es, sin duda, el aspecto más criticable de sus gobiernos, por el militarismo excesivo ante un enemigo mal armado y poco orgánico; también es criticable el destino que se dio a las extensísimas tierras conquistadas repartidas mayoritariamente entre la oligarquía agrícola ganadera. Pero de lo que no se puede dudar es que de no haber sido por la decisión de Roca es más que probable que la Patagonia no sería hoy argentina con las consecuencias imaginables. Alentaba en nuestro vecino Chile la intención de hacerla propia, como lo demuestran mapas en sus actuales libros escolares en que puede verse a la Patagonia como parte del originario territorio chileno luego perdido por el supuesto expansionismo argentino».

Continuó: «La astucia del “Zorro” se puso en evidencia por haber emprendido la campaña en tiempos en que Chile estaba enzarzado en su guerra contra Perú y Bolivia por lo que le fue imposible abrir otro frente obviado una guerra que en otras circunstancias hubiera sido inevitable. También, para quienes hemos estudiado la época, sorprende que Gran Bretaña no la haya ocupado siguiendo su estrategia de dominar las comunicaciones entre mares, como lo hizo en Gibraltar y en Suez».

Luego afirmó que «la Patagonia hubiera servido mucho mejor  a dicho fin que las Islas Malvinas. Por otra parte las andanzas del autoproclamado Rey de la Araucanía y la Patagonia, Orellie Antoine I en 1860 y 1871, que  han sido tomadas a broma, es de sospechar que encubrieron el interés del imperio francés por nuestro sur.  El autor de la ley 1420 de educación gratuita, obligatoria y primaria, y de la ley de Registro Civil y de la Doctrina Drago. requiere un debate de alto nivel historiográfico. El mismo que pondría en discusión el nombre de Rivadavia para nuestra avenida más larga».

Para finalizar, volvió a preguntarse: «¿Cuál de nuestros próceres puede tirar a primera piedra?

PS

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