El hallazgo de los restos de Daniel Gustavo Torres Barrios, desaparecido a los 16 años en 1976, fue confirmado por el Equipo Argentino de Antropología Forense. Su hermano Carlos relató el impacto familiar y la importancia de mantener las políticas de memoria.
A 50 años de su desaparición, la identificación de los restos de Daniel Gustavo Torres Barrios en el ex centro clandestino de detención La Perla ha transformado el histórico reclamo de justicia en un acto de restitución humana. Su hermano, Carlos Torres, relató en una entrevista en Ahora Noticias, por Canal 10, el peso de transitar medio siglo de incertidumbre y el significado simbólico de este hallazgo.
Daniel tenía apenas 16 años cuando fue arrancado de su hogar en Alta Córdoba el 11 de mayo de 1976. Carlos, quien entonces tenía 18 años, recordó con nitidez el operativo que «atravesó la vida» de su familia para siempre. «Cuatro de la mañana ingresó un grupo de personas armadas. Más allá de hacer un montón de vándalos, romper cosas, robar, comer, secuestraron a mi hermano», relató Carlos. En medio del horror, una frase de Daniel quedó grabada en la memoria de su hermano: «Él dijo, con una voz muy aguda y finita de alguien que tiene miedo: ‘Yo tengo derecho'».
Pasaron cinco décadas para que esas palabras cobraran un nuevo sentido con la restitución de su identidad. Para la familia Torres Barrios, la noticia de la identificación es un proceso complejo de asimilar. Carlos explicó que «lo más grueso de nuestra vida ha sido hablar de desaparecidos» y que ahora deben reacomodar las fichas ante la certificación de la muerte. «Es una extraña situación porque la certificación de una muerte nos devuelve la vida, o le devuelve la vida o la identidad a alguien. Es difícil de internalizar eso», reflexionó.
Durante años, la familia mantuvo intacta la esperanza de un regreso imposible, guardando su ropa y zapatos, hasta que comprendieron que «esto son cosas muy crueles porque te roban la vida, pero también te roban la muerte». En relación al contexto político y los discursos negacionistas, Carlos fue contundente al defender el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y la necesidad de sostener las políticas de Estado en materia de Derechos Humanos. «Los aparecidos de hoy nos dejan todavía un acto o un mensaje de militancia», afirmó Carlos, subrayando que es vital que estas historias no queden en el olvido.
Sobre el cierre, dejó una promesa firme en nombre de su hermano: «Creo que si hay un mensaje que mi hermano querría decir es que esto continúe, y yo me voy a hacer cargo de que esto continúe». Este martes, su padre de 93 años acompañará la conferencia oficial en Tribunales Federales, cerrando finalmente el círculo de una búsqueda que nació en la madrugada de aquel mayo del 76.
