Las palabras de Nicolás Braun, gerente general de La Anónima, no pasaron inadvertidas en el sector. Luego de que el directivo de la mayor cadena supermercadista del interior del país afirmara que operar dentro de la formalidad económica en Argentina resulta «muy difícil» y que la rentabilidad local es sensiblemente inferior a la de países como Uruguay, Chile o Brasil, el presidente de la Cámara Argentina de Supermercados (CAS), Víctor Palpacelli, salió a ampliar ese diagnóstico con datos sectoriales.
«Lo de La Anónima refleja una situación del sector«, resumió Palpacelli en diálogo con el programa Punto y Aparte de Radio Punto a Punto. El dirigente empresarial no eludió la gravedad del momento: «Evidentemente, el escenario reinante ha perjudicado los cuadros de resultados de muchas empresas. Han aumentado los costos y, encima, estamos en una situación de contracción del consumo: un cóctel explosivo, delicado, que pone en riesgo a algunas empresas«.
Los números respaldan su preocupación. El último balance anual de La Anónima, correspondiente al período junio 2024 – julio 2025, reportó ganancias equivalentes a menos de la mitad de las del ejercicio anterior, con una rentabilidad que apenas alcanzó el 1,24% de los ingresos netos. A su vez, el resultado operativo de la compañía sufrió una contracción del 46% interanual, impulsado por el aumento de los costos laborales y por un salto de casi siete veces en los créditos incobrables, que treparon de $2.830 millones a $19.255 millones.
Palpacelli, que representa a las cadenas regionales -un formato de menor escala que las grandes superficies-, aclaró que la situación no es homogénea pero que el impacto alcanza a todos los actores. En las cadenas que agrupa la Cámara, la pérdida interanual de unidades vendidas llega al 6%, una cifra que obliga a repensar estrategias de corto plazo.
«Las cadenas de supermercados, tanto de Córdoba como de todo el país, están haciendo un esfuerzo muy grande tratando de cautivar clientes con ofertas agresivas, con propuestas muy agresivas, con márgenes muy bajos, pero con la intención de recuperar ventas. Se hace muy difícil en este escenario», señaló.
Uno de los cambios más visibles de esta etapa es la transformación de las góndolas. Ante la pérdida de poder adquisitivo, las cadenas incorporaron segundas y terceras marcas que hoy ganan terreno sobre las marcas líderes.
«El consumidor hoy, más que comprar por marca, compra por precio. Está obligado a buscar alternativas», explicó Palpacelli, y añadió que esa readaptación también favoreció a pymes productoras de consumo masivo que encontraron espacio en estanterías antes ocupadas exclusivamente por grandes marcas.
El dirigente vinculó directamente la situación del sector con dos variables estructurales: la presión fiscal y la informalidad. Respecto a la primera, insistió en la necesidad de reducir la carga tributaria para que esa baja se traslade al precio final y motorice las ventas.
Sobre la segunda, fue contundente: «Tenemos un flagelo muy importante, un enemigo muy importante que es la informalidad, que crece en estos escenarios y que hoy prácticamente está en el 50% de la actividad económica de Argentina».
Fernando Savore sobre supermercados y almacenes: “La gente ya no hace esa compra grande”
Consultado sobre si el escenario puede derivar en cierres masivos, Palpacelli optó por la mesura sin desestimar el riesgo: «Esto no es generalizado. Hay situaciones particulares de algunas empresas que, puertas adentro, están viendo cómo salen del paso. Pero necesitamos herramientas para esta salida en conjunto».
El directivo consideró que tanto la reactivación del consumo como la baja impositiva son condiciones simultáneas e inseparables para estabilizar al sector. La desaceleración inflacionaria -que el propio Palpacelli valoró como un logro de los últimos tiempos- trajo mayor transparencia de precios, pero también expuso sin red la estructura de costos de las empresas. «Cuando no tenés más dónde reducir y dónde trabajar sobre eficiencia en costos, se hace difícil», reconoció.
