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Illa toma de nuevo el mando del Gobierno catalán tras un mes de crisis: «Es el momento de ofrecer soluciones»

Mañanero como de costumbre y sin muletas, Salvador Illa ha vuelto a a entrar este lunes a las 7.23 horas en el Palau de la Generalitat. El edificio es el de siempre, pero Cataluña es hoy más compleja que hace un mes, cuando de forma repentina el president se vio obligado a coger la baja médica por una osteomielitis púbica que le impedía caminar y de la que aún hoy se está recuperando. Justo después, el accidente de tren de Gelida desencadenaba una crisis de Rodalies aún hoy sin resolver, no hay acuerdo todavía para unos presupuestos que el Gobierno catalán había calculado que a estas alturas estarían aprobados, los profesores salieron la semana pasada a la calle y en esta son los médicos los que hacen huelga y, como colofón, la peste porcina salta de nuevo a la palestra después de que se hayan detectado dos casos fuera de la zona cero y los temporales, de lluvia o de viento, no han dado tregua.

«Es el momento de ofrecer soluciones, de ofrecer respuestas y de ofrecer verdad», ha asegurado el president en una declaración institucional en la que ha pretendido trasladar confianza a la ciudadanía ante unos días que él mismo ha definido como «difíciles» y que, por lo tanto, requieren de «certezas». «Sé lo que hace falta hacer», se ha comprometido, además de asegurar que el Gobierno catalán no escatimará en destinar «todos los recursos que haga falta» para resolver la crisis de los trenes y de los servicios públicos. Pero más allá del esfuerzo económico, también es necesario, ha advertido, no caer «en la trampa de deshumanizarse» entre distintos, en referencia al caldo de cultivo del que se alimenta la extrema derecha.

El president de la Generalitat, Salvador Illa, llegando al Palau de la Generalitat este lunes / MANU MITRU

Durante su ausencia, han arreciado las críticas de la oposición. Hasta tal punto, que pese a ser socios, ERC votó la semana pasada a favor de la dimisión de la consellera Sílvia Paneque por el caos en los trenes mientras que los Comuns se abstuvieron; y Junts reclama ahora a Illa que se someta a una cuestión de confianza si no la cesa después de que, salvo el PSC, nadie respaldara su gestión. Con el conseller de la Presidència, Albert Dalmau, ejerciendo las funciones delegadas de Illa, el Gobierno catalán ha tratado de capear el temporal. Nada se ha hecho sin el consentimiento del president, con el que se ha consultado toda decisión y quien ha combinado su baja médica con mantener un contacto constante tanto con sus consellers como, cuando ha sido necesario, con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. No obstante, en Palau son conscientes de que, en un mes, han acumulado más desgaste que en año y medio de mandato.

«Vienen meses importantes, decisivos para el futuro de Cataluña», ha anticipado Illa, además de proclamar que ha llegado la hora de que los «buenos deseos» se transformen en «compromisos reales». El president ha querido trasladar que tiene energía para cumplir con su deber. «No es tiempo de fatalismos, ni de conformismos ni de irresponsabilidades», ha asegurado.

La cruz de los trenes

Así que el president, visiblemente más delgado, retoma la batuta de forma paulatina con el reto de volver a recuperar el sosiego del que hasta ahora había podido presumir, pero con múltiples frentes abiertos de forma simultánea. No forma parte de sus planes prescindir de Paneque ni tampoco someterse a la cuestión de confianza que exigen los posconvergentes.

El conseller de la Presidencia, Albert Dalmau, con la consellera de Territori, Silvia Paneque, durante una reunión por la crisis de Rodalies / Quique García / EFE

Para empezar, la previsión del Executiu es que durante esta semana Rodalies recupere progresivamente la circulación sin cortes -aunque con 200 puntos en la red con la velocidad reducida- y que este asunto, pese a que será una gota malaya mientras no se culminen las inversiones- pierda foco en cuestión de días y se apacigüe el malestar de los usuarios. Habrá que ver si, tras un mes de desaguisado, remonta la situación y el secretario de Estado de Transportes, José Antonio Santano, puede volver a Madrid tras instalarse en Barcelona para enderezar la situación y coordinar a Adif y Renfe.

¿Acuerdo exprés para los presupuestos?

En paralelo, Illa buscará dar un espaldarazo a la negociación de los presupuestos para apuntalar su estabilidad y trasladar que el Govern tiene cuerda para agotar la legislatura. Con los Comuns, este lunes se celebra la cuarta reunión a la espera de que se concrete la vía para limitar la compra especulativa de vivienda una vez los expertos ya han avalado que es viable. No es baladí que el primer acto de agenda que tendrá el jefe de la Generalitat sea sobre la cesión de edificios por parte de la Iglesia para destinarlos a vivienda asequible.

Y con ERC, que pese a haber endurecido el discurso contra el Govern mantiene su intención de negociar, los socialistas están ultimando un acuerdo sobre la recaudación del IRPF en el modelo de financiación y el consorcio de inversiones para lograr que se sientan a hablar de las cuentas. Si eso sucede en los próximos días, la intención del president es acelerar las conversaciones con la vista puesta en amarrar un pacto exprés para aprobarlas cuanto antes.

Con más huelgas a la vista

Los presupuestos, insisten en el Govern, son «necesarios para cumplir» con lo acordado con los socios en la investidura, pero a la oposición no se le escapa que son también la principal herramienta de fortaleza de Illa. Tras la huelga de los profesores y en una semana en que también hay dos días de parón de los médicos, el objetivo es tratar de acordar mejoras de condiciones salariales vinculadas a las cuentas. Las de febrero son ya imparables, pero si una cosa quiere evitar la conselleria de Educació es que los docentes paren durante una semana en el mes de marzo, como han amenazado hacer si no se satisfacen sus demandas.

Manifestación de profesores en Barcelona / FERRAN NADEU

Así que el president vuelve con muchos hilos sueltos por tejer al mismo tiempo y con la cuenta atrás activa para que los presupuestos puedan ser aprobados en el Parlament antes del mes de abril, reto que mantienen vivo en la Generalitat mientras contienen el aliento para que, esta vez sí, el regreso del president coincida con que los trenes, por lo menos, circulen y la negociación con ERC y los Comuns no se quede en el andén.

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