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Cosquín 2026: Abel Pintos y una conexión mística que se renueva bajo la luna festivalera

La tercera luna de Cosquín 2026 no fue una más; fue la noche en la que el escenario Atahualpa Yupanqui se rindió ante el magnetismo inagotable de Abel Pintos. En un concierto de dos horas que combinó una precisión técnica impecable con una entrega emocional cruda, el cantante bahiense reafirmó un romance con el público que ya suma 28 años de historia en la capital nacional del folklore.

Para esta edición especial, Abel decidió no recostarse solo en sus éxitos masivos y apostó por un rescate emotivo de su faceta más tradicional. El artista sorprendió a la plaza con perlas de su repertorio folklórico, incluyendo una conmovedora interpretación de El río va, de Lucas Segovia, y un bloque dedicado a la esencia santiagueña con zambas y chacareras. Uno de los puntos más altos de la noche fue su versión de Para cantar he nacido, dedicada especialmente a sus autores, Bebe Ponti y Horacio Banegas.

Pasadas las dos de la madrugada, la comunión con su «familia» (como él llama a sus seguidores) alcanzó su punto máximo. Entre pedidos de calma ante la ansiedad de la plaza y un ida y vuelta constante de canciones, Abel manejó los tiempos del show con la maestría de quien se siente en casa. Con una banda ajustadísima y una puesta en escena de nivel internacional, la tercera jornada cerró con la certeza de que el vínculo entre Pintos y Cosquín es una llama que, lejos de apagarse, arde cada vez con más fuerza.

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