Un grupo internacional de científicos ha calculado por primera vez el coste global que supone el uso masivo de cuatro familias de tóxicos vinculados a la alimentación: pesticidas, PFAS, ftalatos y bisfenoles. Sus conclusiones se exponen en un extenso informe titulado ‘Ingredientes invisibles: combatir las sustancias químicas tóxicas en el sistema alimentario’, en el que ponen sobre la mesa una cifra abrumadora: solo el coste sanitario es de entre 1,4 y 2,2 billones de dólares a escala global (496.000 millones en Europa). El documento hace además una estimación de los costes medioambientales, con los que la factura total alcanza unos 3 billones de dólares.
Según revela el informe, entre los efectos que generan un mayor coste sanitario figuran trastornos del desarrollo, mortalidad prematura por cualquier causa, cáncer, enfermedades metabólicas o enfermedades circulatorias.
Se estima que podrán perderse unos 525 millones de nacimientos en todo el mundo, 15 millones de ellos en Europa, entre 2025 y 2100, debido a sustancias químicas tóxicas
La caída de la fertilidad asociada a contaminantes químicos relacionados con los alimentos merece un capítulo especial, ya que podría llegar a tener efectos demográficos relevantes. En el informe se estima que podrán perderse unos 525 millones de nacimientos en todo el mundo, 15 millones de ellos en Europa, entre 2025 y 2100 debido a sustancias químicas tóxicas.
Coste por cada tipo de sustancia
Haciendo el desglose por cada grupo de sustancias, los pesticidas serían responsables de una factura sanitaria de unos 816.000 millones de dólares anuales, por daños como los generados en el desarrollo neurológico que reducen el potencial cognitivo y la productividad a largo plazo.
Caída prevista de nacimientos por los químicos tóxicos / Systemiq
A los PFAS, por su parte, se les atribuye un coste estimado de unos 609.000 millones, sobre todo a causa de trastornos metabólicos, disfunción inmunitaria y algunos tipos de cáncer. En cuanto a los ftalatos, provocan gastos por 533.000 millones, especialmente por problemas reproductivos que podrían requerir tratamientos de fertilidad, enfermedades metabólicas y mortalidad precoz. Los bisfenoles, finalmente, obligan a gastar 227.000 millones por problemas como enfermedades circulatorias y obesidad infantil, según los resultados de la investigación.
El informe ha sido publicado por el think-tank internacional Systemiq y realizado con la colaboración de numerosos expertos, entre los que se cuentan prestigiosos científicos de diferentes países y disciplinas que han trabajado en instituciones como la Universidad de California, la Universidad Duke, el Boston College, el National Institute of Environmental Health Sciences, el National Toxicology Program (EE.UU.), el Centre Scientifique de Monaco (Francia) o la Universidad de Sussex (Reino Unido).
Los autores señalan que, a pesar de lo impresionante de las cifras, la valoración que hacen puede estar subestimando los costes reales. Explican que “los costes reportados cubren solo un rango limitado de efectos sobre la salud donde la evidencia es más sólida; y que dentro de cada grupo de tóxicos solo se analizaron una o dos subclases”. Como consecuencia, “se espera que la carga real de exposición a todas las sustancias químicas tóxicas y sus mezclas sea sustancialmente mayor”, advierten.
“Demasiado grave para ignorarlo”
Los científicos subrayan que “la exposición a sustancias químicas tóxicas es un factor importante, aunque prevenible, en las enfermedades no transmisibles” y hacen hincapié en que los daños causados “son demasiado graves como para ignorarlos”.
La industria química pone en circulación innumerables compuestos químicos / Agencias
El responsable de la iniciativa Hogar sin tóxicos, Carlos de Prada, uno de los mayores expertos de España en esta materia y autor del libro recientemente publicado ‘Cómo comer sano en un mundo tóxico’, destaca la enorme importancia de este estudio, porque “en un mundo en el que parece que el dinero importa más que la salud de las personas, por primera vez se pone sobre la mesa el alcance global que puede llegar a tener en términos económicos la presencia de una serie de contaminantes químicos en la cadena alimentaria. Lo más relevante es que muestra que no solo puede tener graves consecuencias para la salud humana y la de los ecosistemas, sino también ser ruinoso para la economía de los países, lo cual deja en evidencia la falacia de algunos argumentos que la industria suele utilizar”.
En ese sentido, el director de Hogar sin tóxicos explica que “como se denuncia en el informe, la industria suele presentar cuentas trucadas que exageran los supuestos beneficios del uso de una serie de sustancias mientras minimizan el alcance de los daños que producen, a fin de que las sustancias tóxicas no sean debidamente reguladas. Lamentablemente, como se está viendo ahora con los planes de desregulación en marcha en la UE, algunas instancias políticas están cediendo ante esas presiones en lugar de prestar oídos a la ciencia”.
Daños medioambientales
Los perjuicios ecológicos, por su parte, podrían superar los 600.000 millones de dólares anuales, aunque el informe aclara que esa cifra recoge solo una parte muy limitada de todos los impactos posibles en el medio ambiente. El documento concluye que los pesticidas, bisfenoles, ftalatos y PFAS “representan una amenaza oculta para la salud, las economías y los ecosistemas mundiales” y condicionan fuertemente el sistema alimentario moderno: pesticidas y fertilizantes de síntesis en cultivos convencionales; tóxicos en el procesamiento o envasado, o contaminantes en el suelo, agua y aire, que se integran en la cadena alimentaria. Advierte además que “si no se toman medidas, los costes aumentarán con el tiempo”.
Segun el informe, se dañan severamente servicios ecológicos irremplazables, como la polinización o la purificación de las aguas, y se contaminan los suelos, propiciando una disminución de la productividad agrícola
A la hora de analizar el coste económico de los daños ambientales, el documento destaca que “los productos químicos tóxicos están socavando los cimientos ecológicos del sistema alimentario”, comprometiendo su resiliencia a largo plazo. Se dañan severamente servicios ecológicos irremplazables, como la polinización o la purificación de las aguas, y se contaminan los suelos, alterando las complejas comunidades de seres vivos que los habitan y propiciando además una disminución de la productividad agrícola.
Los pesticidas figuran entre los compuestos más perjudiciales / Shutterstock
El documento critica que no se esté actuando para prevenir estos daños cuando, a nivel global, un 70% de los costes derivados del impacto negativo de esos tóxicos químicos podrían ahorrarse adoptando una serie de medidas viables y disponibles. Los autores del informe argumentan que salir de la “trampa de la toxicidad” generada por la dependencia de esas sustancias peligrosas generará enormes beneficios económicos. Para lograrlo, proponen algunas medidas concretas, e insisten en que es esencial establecer unos plazos de eliminación gradual claros y vinculantes para las sustancias tóxicas, y que tal eliminación “no solo es un imperativo ambiental y sanitario, sino también una prometedora oportunidad económica” ante las nuevas oportunidades de negocio que se abrirían.
Es posible reducir
Carlos de Prada recalca que la viabilidad de las reducciones significativas de tóxicos y los beneficios económicos netos que generarían se ve de forma especialmente clara en el caso de los pesticidas. Así, en el informe se afirma que “en la UE, una reducción del 80% en el uso de plaguicidas sintéticos para 2040 es realista con las herramientas actuales, siempre que se cuente con los incentivos, los sistemas de asesoramiento y los marcos regulatorios adecuados”.
Comparado con el coste de no actuar, el coste de hacerlo es minúsculo: si la factura sanitaria y ambiental de no reducir el uso de pesticidas cuesta 100, el coste de reducirlos estaría en torno a 3,5, según este informe. En el caso de la eliminación del empleo de los PFAS en algunos usos, la relación sería de 100 contra 1.
