El doctor Cristóbal Blanco Acevedo nació en Venezuela en 1981, pero lleva ejerciendo y residiendo en Córdoba, al igual que su mujer, también venezolana y médica de profesión, desde que se instaló en la capital cordobesa en 2007. Lleva, por tanto, 18 años vinculado a Córdoba, ciudad a la que llegó no para huir de su país, sino para especializarse en Neurocirugía en el hospital universitario Reina Sofía, centro en el que ejerce desde que terminó la residencia, además de en el hospital Cruz Roja y hospital San Juan de Dios de Córdoba.
Diario CÓRDOBA contacta con este médico, a raíz del ataque armado realizado por Estados Unidos en Venezuela este sábado, que ha incluido la captura y traslado del que fuera líder de esta nación Nicolás Maduro a Nueva York.
En los últimos años los padres, suegros y una abuela de la mujer de este doctor se han instalado en Córdoba también. Cristóbal Blanco viajó con sus dos hijos mayores a Venezuela la última vez hará unos siete años o más, pero ya no lo ha hecho más desde que nació su tercer hijo.
Sus abuelas están en Venezuela
En Venezuela residen bastantes de los familiares de este neurocirujano, como algunos tíos y sus dos abuelas, que tienen 89 y 88 años, y éstas ya no se quieren mover de su nación. «Hoy en día las videollamadas permiten comunicarse con facilidad, casi como si tuvieras a la persona más cerca, aunque esté en otro país y eso ayuda a tener a los seres queridos presentes», indica.
Cristóbal Blanco, neurocirujano, con una paciente, en el hospital Cruz Roja. / Ramón Azañón
Cristóbal Blanco señala que «este sábado hemos podido hablar con mis abuelas y les hemos transmitido tranquilidad». Relata que sus abuelas viven en la ciudad venezolana de Valencia y que en esta urbe industrializada, que podría equivaler a las Valencia o Barcelona españolas, no se percibe tanta tensión como en la capital Caracas. Sobre los bombardeos en Caracas, este médico señala que «mi corazón está dividido. España me abrió las puertas, pero soy de Venezuela».
El también investigador del Imibic estima que «cuando hablamos de Venezuela, se debe hacer con calma. Aunque llevo 18 años fuera de mi país, nunca desconectas ni dejas de reflexionar porque tengo amistades con ideologías totalmente opuestas, que tienen una u otra visión acerca de cómo liderar este país. La posible salida del presidente Maduro estimo que puede entenderse, no como un cambio de etapa ni como una victoria o una derrota, sino como una etapa diferente, en la que lo más importante es cómo se gestione lo que viene».
El doctor Cristobal Blanco, en una imagen de archivo en sus comienzos en el hospital Reina Sofía. / CÓRDOBA
Pide que se proteja a los más vulnerables
En esta línea, Blanco añade que «como ocurre en Medicina, aunque en este caso no hablamos de un paciente, sino de un país, lo primero es la estabilización y luego la rehabilitación. Mi postura no es ideológica. El foco en Venezuela debe estar en mejorar las condiciones de vida, proteger a los más vulnerables y recuperar la fiabilidad de las instituciones para que los jóvenes puedan planificar su futuro sin miedo».
El ataque de EEUU sobre Venezuela, en imágenes. / Mario Caicedo / EFE
«Venezuela tiene mucho potencial maravilloso, que no son solo sus recursos naturales, sino sus profesionales muy bien formados, por lo que se debe mejorar en no repetir errores cuando el capital humano de dentro y de fuera se ponga de acuerdo para hacer un país más grande. Esto es aplicable a nivel mundial. En el mundo debería haber más convivencia, estabilidad y respeto por la vida. Si nos dejamos llevar por fanatismos y guerras innecesarias se pierden muchas vidas humanas. Venezuela es grandísima y muy bella porque su población es la que la hace valiosa», subraya Cristóbal Blanco.
«Cuando yo nací el 52% de la población de Venezuela era extranjera»
«Cuando yo nací en 1981, el 52% de la población de Venezuela era extranjera, multiracial, tolerante y amigable. Podía jugar con portugueses, españoles, chinos, japoneses, alemanes…. Yo mismo soy producto del mestizaje, porque mis bisabuelos maternos eran españoles, que se marcharon a Venezuela muy jóvenes en la Primera Guerra Mundial», sostiene este facultativo, que defiende que los gobernantes de cualquier país, como los médicos, deberían regirse por un código deontológico para respetar siempre todas las ideologías y creencias.
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