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El malestar toma de nuevo las calles en Irán: 5 claves de las protestas contra el Gobierno y la crisis económica

Desde domingo de la semana pasada, Irán vive inmersa en una nueva ola de protestas —de momento no masivas—, las primeras tras las enormes manifestaciones de 2022 tras el asesinato de la joven Mahsa Aminí por llevar el velo islámico «incorrectamente». 

Estas nuevas protestas, que se concentran en las ciudades del centro y oeste del país, surgieron por la terrible situación económica del país, aislado internacionalmente y con una inflación desbocada. A continuación, desgranamos las protestas en Irán, en cinco claves.

Todo empezó el pasado domingo —primer día laborable de la semana en Irán—, cuando comerciantes de productos electrónicos de varias ciudades del país cerraron y empezaron a clamar, primero en mercados, después en las calles, en contra del Gobierno iraní y su desastrosa política económica

El rial, la moneda del país persa, perdió más de la mitad de su valor durante 2025 y la población iraní, hundida en una inflación superior al 40% y aislada internacionalmente, vive bajo una crisis económica y del coste de la vida que ha destruido la clase media del país casi por completo. Durante esta semana, las protestas se esparcieron a las grandes ciudades de la República Islámica, sobre todo en el oeste, y en los campuses universitarios.

Irán, periódicamente, vive una deflagración de las protestas, sobretodo por motivos económicos, pero no solo: las últimas olas de manifestaciones que vivió el país fueron en 2017, 2019 y 2022, esta última, la más masiva, tras la muerte de Aminí. Pero la situación actual, va algo más allá. Tras la guerra de 12 días entre Israel e Irán en junio, el régimen de la República Islámica vive debilitado y sin apenas apoyo político.

«Sí, el detonante es la crisis económica, el rival devaluado, inflación más de 40% y todo eso. Pero la razón principal por la que la gente sale a la calle es que el ciudadano iraní ve el nivel de corrupción que hay, ve que en el día a día pierde cada vez más y más poder adquisitivo. Y encima no hay manera de dialogar», explica Ryma Shermohammadi, analista iraní.

«Las autoridades pueden meter a alguien en la cárcel durante 15 años por aparecer en un vídeo online en las protestas, con la cara descubierta. La gente sale a la calle porque ya no tiene nada que perder. La gente, en las protestas, no pide menos impuestos, sino el fin del régimen, la ‘muerte al dictador'», continúa Sheermohammadi.

Ante el crecimiento de las manifestaciones, el Gobierno del presidente iraní, Mesud Pezeshkian, ha asegurado buscar el diálogo con los comerciantes. Pero Pezeshkian, presidente que se vende como reformista y moderado, apenas tiene poder en Irán. La decisión de cómo contrarrestar las manifestaciones reside, absolutamente, en manos del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí y a su ultraconservadora Guardia Revolucionaria

En protestas anteriores, la represión gubernamental fue brutal, desplegando incluso las fuerzas basij, un grupo paramilitar iraní compuesto por hombres expresidiarios leales a los clérigos que gobiernan el país desde 1979. En esta semana de protestas, al menos seis personas han muerto ya ante la represión gubernamental, y 119 han sido detenidas.

Esta nueva ola, sin embargo, aún no ha alcanzado niveles masivos y, a pesar de que se ha esparcido por gran parte de las grandes ciudades de Irán, dista aún enormemente en números de las protestas de 2022. Es demasiado temprano aún para prever hacia adónde irá el naciente movimiento de manifestaciones. 

«Los oponentes de la República Islámica están desorganizados y divididos. En algunas manifestaciones, algunos han clamado eslóganes en favor de Reza Pahlaví, el heredero del shah. Pero Pahlaví es una figura que genera divisiones: son muchos los que rechazan su liderazgo», escribe Arash Azizi, profesor en la Universidad de Yale, en EEUU. 

«No hay un liderazgo claro detrás de las protestas, y sin una dirección, las manifestaciones probablemente pierdan fuelle y se disuelvan, como ha ocurrido en el pasado. Incluso si durasen, creo más probable que existan figuras dentro del régimen que buscasen hacer caer a Jameneí que que el movimiento de protesta consiga cambiar las estructuras básicas del poder en Irán», continúa Azizi.

A diferencia de en rondas anteriores de protestas, sin embargo, políticos estadounidenses e israelís han sido mucho más explícitos en aupar a los manifestantes iranís. 

«Si Irán dispara y mata violentamente a manifestantes pacíficos, algo habitual en ellos, Estados Unidos saldrán al rescate. Estamos ya con el objetivo fijado y listos para ello», ha dicho este viernes por la mañana el presidente estadounidense, Donald Trump, en sus redes sociales. 

Mensajes como este, según Sheermohammadi, sirven para poner una diana en las espaldas de los iranís que salgan a protestar, a los que el régimen puede acusar de colaborar con EEUU e Israel. Irán, según grupos de derechos humanos, aceleró en la segunda mitad de 2025 —después de la guerra de 12 días contra Israel— las ejecuciones y condenas a muerte de sus ciudadanos detenidos por supuesto «espionaje» para los dos enemigos de la República Islámica.

«Cuando la moneda pierde valor de forma constante, lo que se destruye es el tiempo, el esfuerzo y la dignidad de las personas —dice la Sheermohammadi—. La vida deja de ser planificable. Se trabaja más y cada mes se vive peor. Esto no es una crisis pasajera: es un desgaste sistemático que empuja a la sociedad al límite. Hoy la gente no pide reformas ni promesas. Exige un cambio profundo, porque todas las demás vías han sido cerradas. Cuando votar no cambia nada, cuando no hay diálogo real y cuando incluso al protestar de forma pacífica se responde con violencia, la protesta se convierte en el último lenguaje posible».

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