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Un año de espera

El 11 de abril de 2025 titulé este espacio «Pequeño monaguillo». Han transcurrido casi doce meses, pero, cuando una madre piensa en su hijo, el tiempo no se mide con el calendario, sino con pequeños hitos que indican que continuamos avanzando. Entonces Alfonsito estaba a punto de cumplir cinco añitos y, hoy, casi tiene seis. Continúan intactas su emoción y su forma de vivir la fe sin artificios.

Hace un año caminó sin una queja durante seis horas detrás de la Virgen del Prado en su Dolor, en Huelva. Desde entonces, no ha dejado de esperar este día. Hoy, en efecto, es Viernes de Dolores y celebramos a la Virgen María, recordando su valor y la angustia que le debió de producir ver a su hijo sufriendo las torturas que condujeron a su muerte. Es un recuerdo triste, pero provoca una admiración grande. Además, se da por bien empleado, pues, según las Escrituras, el sufrimiento de madre e hijo consiguió la salvación espiritual del mundo. Asimismo, nos acercamos a otros días centrales del calendario cristiano. El Domingo de Ramos evocará la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén y, con ella, la facilidad con la que se puede pasar de la alabanza al abandono en un suspiro. Después, llegará el Jueves Santo, con la Cena del Señor, y el Domingo de Resurrección, cuando la vida venció a la muerte. Y, para todo ello, ha habido que esperar durante muchos días.

Las tradiciones son una forma de educación emocional, pues enseñan comunidad y respeto por el legado de nuestros mayores. Del mismo modo, en tiempos de inmediatez, ayudan a desarrollar la paciencia que debe acompañar a la espera. Con respeto y paciencia el pequeño monaguillo ha esperado un año entero para, hoy, volver a caminar detrás de la Virgen.

*Lingüista

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