Cuba cierra su peor semana desde que la crisis energética se volvió sistémica. El nuevo apagón nacional por una desconexión total del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) sacudió a la isla en su hora crepuscular. El lunes pasado había ocurrido lo mismo. Las escenas de perplejidad, resignación y furia volvieron a reproducirse en distintos puntos de la isla. La pregunta sobre el retorno de la energía quedó suspendida en la noche caribeña. La isla ha vuelto a quedar a oscuras en momentos que la disputa con Estados Unidos alcanza también un nuevo pico de tensión. Las noticias sobre negociaciones secretas se confunden con nuevas amenazas e invocaciones desde La Habana a la «resistencia» en medio de un «bloqueo energético» que no cesa.
La segunda desconexión general del SEN es consecuencia de una combinación de factores que se parecen a una tormenta perfecta: la antigüedad de las termoeléctricas, la escasez de combustible y las frecuentes averías. A eso se le suman las medidas de estrangulamiento de la Administración de Donald Trump. Washington no solo ha amenazado con duplicar los aranceles a los países que vendan crudo a la mayor de las Antillas. En las últimas horas, ha obligado a dos buques con combustible ruso a abandonar su propósito de alcanzar costas cubanas.
El viernes, el viceministro primero de Energía y Minas, Argelio Jesús Abad Vigoa, admitió que la generación distribuida de electricidad en Cuba se encuentra paralizada debido a la falta de combustibles El funcionario recordó que la isla acumula tres meses sin recibir suministros de diésel, fueloil, gasolina, combustible para la aviación y gas licuado de petróleo, indispensables para sostener distintos sectores de la economía y también la generación eléctrica. Desde que se inició a fines de enero el «bloqueo energético» dejó de funcionar la industria turística, la principal fuente de dólares. Las terminales aéreas están tan vacías como las ciudades, los edificios públicos y las instituciones educativas. Abad Vigoa reconoció el carácter inédito de la incapacidad operativa del país.
La debacle estructural del sistema no es reciente. Las autoridades han iniciado una «transición energética» con el respaldo de China. La isla tiene una capacidad de generación solar fotovoltaica que aporta el 9% de la demanda diaria.
El año ha comenzado de la peor manera para los cubanos. La situación viene empeorando de manera sostenida desde fines de 2024. En octubre de ese año se reportó una avería en la termoeléctrica Antonio Guiteras, en la provincia de Matanzas. A partir de ese episodio el Gobierno declaró estado de “emergencia energética” y la población entró en sistemáticos conos de prolongada oscuridad.
Del «Período Especial» al presente
Los apagones marcaron los años noventa, cuando Fidel Castro decretó el «Período Especial en Tiempos de Paz» para afrontar el desastre que supuso la disolución de la Unión Soviética y la correspondiente pérdida del tradicional abastecimiento de petróleo de su principal socio. Cuba comenzó a recibir crudo de la entonces URSS en 1960 cuando Estados Unidos decidió dejar de importar azúcar de la isla. Ese excedente se intercambió por crudo con la potencia rival de Washington y la Guerra Fría se instaló en el Caribe.
En marzo de 2025 el país quedó a oscuras por cuarta vez en seis meses. Las autoridades explicaron que la causa fue una falla por incendio en una estación capitalina. El quinto colapso ocurrió en septiembre del pasado año. Nada se compara para una sociedad expuesta a los desperfectos con la serie de problemas que comenzó el 4 de marzo de 2026 con una caída del SEN de largo alcance.
Los apagones traen consigo crecientes expresiones de malestar en las calles de distintas ciudades. Los «cacerolazos» se han hecho frecuentes. También la quema de montañas de basura que no ha podido ser retirada por el servicio de limpieza. Días atrás fue quemada la sede del gobernante Partido Comunista en un pequeño pueblo ubicado a unos 400 kilómetros de La Habana. El episodio no tiene precedentes. Muchos analistas se han preguntado si se trató de un acto de furia y desesperación aislado o representa el comienzo de otro tipo de protesta en un país que desde el estallido social de julio 2021, en plena pandemia, ha logrado controlar la calle sobre la base de una extendida represión.
En este contexto, el ministro de Exteriores Bruno Rodríguez reiteró que Cuba se encuentra «dispuesta» a un «diálogo serio» con EEUU siempre que se llev a cabo «sin injerencia en los asuntos internos ni en los sistemas políticos, económicos y sociales». El presidente Miguel Díaz-Canel repitió la misma idea frente a la comitiva solidaria de la Internacional Progresista que trajo insumos desde México.
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