La convulsa relación que Donald Trump mantiene con la OTAN se enfrenta a una nueva prueba de fuego. El presidente de Estados Unidos aseguró el domingo que a la Alianza Atlántica le espera «un futuro muy malo» si sus aliados se niegan a ayudar militarmente a Washington en la reapertura del estrecho de Ormuz, por el que transita cerca del 20% del petróleo y el gas licuado mundial. El cierre intermitente de ese paso estratégico, vital para la economía mundial, ha sido una de las medidas adoptadas por Irán en respuesta a la agresión militar lanzada por EEUU e Israel contra su territorio hace algo más de dos semanas. Pero de momento las presiones de Trump no han surtido efecto. Los ministros de Exteriores de la Unión Europea han rechazado este lunes el envío de buques de guerra a la región, la misma respuesta pronunciada por otros aliados estadounidenses como Japón o Australia.
El cierre del estrecho era más que previsible, salvo para la Administración Trump, que subestimó el impacto que podía tener sobre la economía mundial días antes de lanzar su asalto junto a Israel. Desde entonces los precios del petróleo se han disparado por encima de los 100 dólares el barril, los más altos desde la invasión rusa de Ucrania en 2022. No solo por la perturbación del tráfico marítimo, que afecta también a otras mercancías, sino por la caída de la producción regional, como consecuencia de los ataques iraníes contra las refinerías y pozos de sus vecinos árabes del Golfo. El temor a que el aumento del precio de los hidrocarburos se traslade a la inflación y dañe el crecimiento global recorre el mundo desde entonces.
Pero ahora el mismo Trump que se negó a informar a sus aliados antes del asalto o a buscar un mínimo de legitimidad para su campaña militar en Naciones Unidas quiere que sean otros los que arreglen el desaguisado de sus acciones. «Es lógico que quienes se benefician del estrecho ayuden a garantizar que no ocurra nada malo allí», dijo el domingo en una entrevista al ‘Financial Times’. «Si no hay respuesta o es una respuesta negativa, será muy malo para el futuro de la OTAN». Poco antes había expresado su confianza en que China, Francia, Japón, Reino Unido o Corea del Sur enviarán «buques de guerra» al estrecho para escoltar a los mercantes y contribuir a su reapertura. «¿Por qué protegemos a países que no nos protegen a nosotros? Siempre he sentido que esa es la debilidad de la OTAN», insistió este lunes. Lo que no dijo es que la única vez que se ha activado la defensa colectiva fue para proteger a EEUU tras los atentados del 11-S en 2001.
Largas a Trump
De momento, sin embargo, ningún país se ha comprometido a enviar fuerzas navales a la región, lo que supondría su entrada directa en el conflicto. La Comisión Europea ha expresado su interés en reabrir el estrecho, pero no sin subrayar que Ormuz se encuentra «fuera del ámbito de actuación de la OTAN». No en vano, su artículo 6 establece que la defensa colectiva solo es aplicable cuando se produce un ataque armado contra uno o varios aliados en su territorio o en cualquiera de las regiones del Atlántico Norte situadas al norte del Trópico de Cáncer, una demarcación que no incluye el estrecho. «Esta no es la guerra de la OTAN: la OTAN es una alianza para defender la zona a la que pertenecen sus miembros», ha dicho el canciller alemán Friedrich Mertz a través de uno de sus portavoces. «EEUU no nos consultó antes de esta guerra, de modo que [esta guerra] no es asunto de la OTAN ni del Gobierno alemán”, añadió.
En cualquier caso Europa no ha cerrado del todo la puerta a una mayor implicación en la región. Desde 2024 participa en la llamada Operación Aspides, una operación “defensiva” para garantizar la libertad de navegación en el mar Rojo ante los ataques lanzados durante meses por los rebeldes hutíes —aliados de Irán— contra varios mercantes y petroleros. La jefa de la diplomacia comunitaria, Kaja Kallas, señaló tras la reunión de ministros de Exteriores en Bruselas que se trasladará a los Veintisiete la posibilidad de cambiar el mandato de la misión para que incluya también el estrecho de Ormuz. “Tenemos varias propuestas sobre la mesa. La cuestión es si los Estados miembros están dispuestos a utilizar esta misión”· Países como Italia ya han expresado sus reservas, afirmando que tanto la Operación Aspides como Atlanta, centrada en las costas somalíes, “son misiones defensivas y antipiratería”, en palabras de su titular de Exteriores, Antonio Tajani.
Solución negociada
La propia OTAN tampoco ha dado señales de que esté lista para involucrarse en la guerra de Trump y Netanyahu. “Los aliados ya han dado un paso adelante para proporcionar seguridad adicional en el Mediterráneo. Somos conscientes de que algunos aliados individuales están hablando con EEUU sobre qué más podrían hacer, también en el contexto de la seguridad en el estrecho de Ormuz», ha afirmado un portavoz de la Alianza Atlántica. La preferencia pasa aparentemente por buscar una solución negociada con Irán, que este mismo lunes ha insistido en que solo atacará a barcos de EEUU, Israel y sus aliados. Desde el fin de semana, de hecho, al menos tres buques –dos de ellos indios– han logrado cruzar el estrecho tras coordinarse con Teherán.
También desde el Reino Unido su primer ministro ha reiterado que no se dejará arrastrar a la guerra. Paralelamente, sin embargo, ha señalado que trabaja con sus aliados, también los europeos, “para elaborar un plan colectivo y viable que sirva para restablecer la libertad de navegación en la región y reducir el impacto económico”, ha dicho Keith Starmer. Menos complacientes han sido países como Luxemburgo, que ha rechazado “el chantaje” planteado por Trump a sus aliados de la OTAN. O la propia España. “La solución al incremento de los precios pasa por que se termine esta guerra, pasa por parar esta guerra y que sea la negociación y el diálogo los que prevalezcan”, ha dicho el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, quien ha rechazado además la conveniencia de cambiar el mandato de la Operación Aspides.
Lo que está claro es que esta búsqueda desesperada de aliados para reabrir el estrecho y aliviar las consecuencias económicas de la guerra contradice el triunfalismo que Trump vende desde hace días respecto a la guerra. «Hemos derrotado y decimado completamente a Irán», decía en uno de sus últimos mensajes en Truth Social. ¿Cómo es posible entonces que el Pentágono no pueda reabrir el estrecho?
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