Cuando recién iniciada la invasión rusa en Ucrania, Manuel Marcos, reaccionó a la petición de ayuda humanitaria de Anastasia Kovalova, una de sus empleadas ucranianas, donando unas partidas de redes sobrantes de su fábrica, no imaginaba que este producto tradicional heredero de la antigua industria del cáñamo se iba a convertir en material estratégico de defensa para hacer frente a la última tecnología militar. Era febrero de 2022 y lo que comenzó como contribución solidaria descubrió una manera sencilla y eficaz de proteger instalaciones y a la población en zona de guerra.
Entre el 70 y el 80 % de las redes de defensa antidrones que se han instalado en territorio ucraniano durante estos cuatro largos años que dura ya el conflicto proceden de esta empresa de Callosa de Segura. Solo en la capital, Kiev, se habrían distribuido en torno a un millón de metros cuadrados de los paños que fabrica IRC Internacional de Redes y Cuerdas en esta población de la provincia de Alicante. Haciendo valer su larga experiencia en el sector, es pionera y principal suministradora de redes en Ucrania.
Redes que salvan vidas. Demuestran cada día su eficacia en la protección de infraestructuras civiles y militares potencialmente sensibles: hospitales, avenidas urbanas, estaciones eléctricas, depósitos de combustible, radares, antenas, vehículos militares… En el frente se despliegan cubriendo kilómetros de carreteras para salvaguardar las vías de suministro y logística. Ayuntamientos de ciudades como Jersón dedican una parte considerable de su presupuesto a la adquisición de redes para su defensa.
Su importancia se ha demostrado primordial en un conflicto bélico donde no hay grandes movimientos de tropas y el frente permanece casi estancado en el extremo oriental del país, pero el protagonismo de los dispositivos aéreos como armas de ataque es absoluto. Sus ataques, incesantes y diarios, se producen en oleadas en cualquier lugar del país. Siempre letales, auténticos enjambres de drones, cientos, se lanzan a la devastación indiscriminada con la dureza de la guerra electrónica.
Evolución
Los drones, además, han ido evolucionando a lo largo del conflicto. Por aire y por mar. Por eso las redes también se instalan bajo el agua. No deja de ser el medio para el que fueron creadas, claro. Se emplean para evitar la intrusión de vehículos acuáticos no tripulados en áreas donde la protección de bases navales y puertos es clave. La versatilidad de las mallas en el ámbito de la defensa resulta extraordinaria. Las hay diseñadas para interceptar y capturar drones hostiles en vuelo desde sistemas terrestres, permitiendo llevar a cabo acciones controladas que reducen el riesgo de daños colaterales y son especialmente indicadas en entornos sensibles de población e infraestructuras básicas.
En el contexto bélico tan importante es defenderse de los ataques como recuperar tecnología del enemigo, bien sea para su reutilización o para analizar y copiar estas armas de última generación. Para ello se diseñan mallas que, literalmente, atrapan los drones al vuelo. En otras se potencia su capacidad para el camuflaje y la ocultación táctica con el empleo de materiales creados para reducir lo que los especialistas llaman la firma visual de elementos sobre el terreno, como vehículos militares. Cambian de color con las estaciones. Blancas en invierno, amplia gama de pardos y ocres para principios de otoño, verano y primavera.
En cualquiera de estos casos, la técnica ancestral y milenaria de una red demuestra su eficacia ante la tecnología de vanguardia de un drone con turbinas. La correlación es clara. Si las mallas de una almadraba han estado siempre preparadas para detener la potente embestida de atunes de 500 kilos, se podía intentar con los temidos drones kamikaze rusos Geran-2. Adaptación del Shahed-136 iraní, es el más empleado en la guerra de invasión rusa de Ucrania. Con un peso de doscientos kilos, incluidos cincuenta de carga explosiva, puede recorrer 2.000 kilómetros y alcanza velocidades de crucero de 180 kilómetros por hora. Más de 60.000 unidades se han lanzado ya. Si las armas electrónicas o las medidas antiaéreas de defensa no consiguen derribarlos, pueden quedar neutralizados atrapados en una red.
Industria redera
“Venimos de la industria del cáñamo”, resume Marcos, CEO y gerente de IRC, empresa fundada hace casi treinta años que recogió el conocimiento y la herencia de la industria redera y cordelera de este municipio de Alicante. En los años sesenta las fibras sintéticas tomaron el relevo a las naturales, con las que se confeccionaban tradicionalmente artes de pesca y elementos para calzado. “Era una actividad muy exigente en agua y en mano de obra y cuando se terminó el cáñamo muchos de nuestros padres tuvieron que emigrar a Francia y Alemania», explica. Una trayectoria de vida compartida por muchos en la población. Regresaron cuando el cambio a las sintéticas ya había hecho su selección en las fábricas. Con la llegada de las poliamidas, del poliéster o los polipropilenos, aumentó la durabilidad de las mallas y se mejoraron las prestaciones de un producto hasta entonces de uso limitado. Con los nuevos materiales se diversificó la industria. “Comenzamos a fabricar para sectores emergentes como la construcción, el deporte, la acuicultura, la decoración… la defensa. Las redes se utilizan para cuarenta mil cosas”, dice el mismo Marcos, quien deja claro, además, que IRC no es una empresa al uso: «Nosotros lo hacemos todo, desde principio a fin, en un tiempo breve y de calidad».
Fue de manera inesperada, después del envío a Ucrania de esas partidas ofrecidas como ayuda humanitaria, cuando en la empresa comenzaron a vislumbrar la posibilidad de un nuevo segmento comercial de las redes como elemento estratégico de defensa en el ámbito militar.
«Antes de este conflicto ya nos dedicábamos a suministrar redes de seguridad relacionadas con los drones en competiciones y exhibiciones organizadas, y también para entrenamiento”, indica Juan Luis Antón, director comercial de la empresa. “Suministrábamos mucha red a países como Estados Unidos y Australia, sobre todo para cerrar los circuitos de los vuelos en campeonatos y carreras especializadas, para evitar accidentes con el público. Pero no supimos leer entre líneas”, reconoce. La seguridad de una actividad de ocio en tiempos de paz se puede ver como elemento accesorio. Aquel envío ciertamente casual y solidario destapó, sin embargo, la importancia de un uso vital para la seguridad en una zona en guerra. Pasadas unas semanas, comenzaron a multiplicarse los pedidos de red desde Ucrania. Las redes cumplían una inesperada función de seguridad de mayor calado humano.
Las rederas son el alma de la fábrica. Sin formación profesional específica para el aprendizaje de este trabajo, son las trabajadoras veteranas quienes enseñan a otras compañeras la destreza de coser y armar kilómetros de paños de red. Casi el 50 % de la plantilla de IRC es femenina, porcentaje muy por encima de la media del sector manufacturero
«Al final, el funcionamiento primario de una red antidrones es el mismo que el de una red de pesca o de las que antaño se utilizaban para atrapar pájaros”, indica Antón. A simple vista es imposible distinguir una red de seguridad para la construcción de una antidrone. En las mismas instalaciones se desarrollan todos los trabajos de un proceso que combina la última tecnología industrial alemana con la habilidad artesanal de las manos de las mujeres. La fabricación de las piezas, los paños, se basa en cuatro pilares. Los telares y trenzadoras mecánicas preparan la materia prima; algunos, concebidos en origen para la elaboración de alfombras, han sido adaptados a las necesidades de la confección redera y la elaboración de cabos. Más de treinta telares trabajan a pleno rendimiento. IRC triplica ahora a cualquier competidor en su capacidad de producción.
Las rederas, sin embargo, son el alma de la fábrica. Su destreza manual continúa siendo el valor añadido que diferencia cualquiera de estas mallas. El horno autoclave, el más grande de Europa -apostilla con orgullo Javier Lara, jefe de producción-, fue hecho a medida. Montado sobre raíles, en su interior las redes son sometidas a condiciones de tensión, vapor de agua, presión y temperatura en cantidades variable con el objetivo de mejorar sus propiedades, impedir deformaciones, prolongar su durabilidad y evitar la aparición de microorganismos al sellar los poros. Por último, la maquinaria prensadora, imprescindible en la logística del producto, especialmente diseñada para reducir al mínimo el volumen de los paños en los palés de envío.
Laboratorio y logística
Detrás existe un sofisticado trabajo de laboratorio, desarrollado por ingenieros textiles, del que no se habla mucho, pero del que depende la calidad de una malla. Se estudian y crean materiales altamente eficientes por su tenacidad, resistencia a la deformación, ignifugidad -tan importante para limitar la capacidad letal de un drone-, o resistencia a la abrasión. No se enseña, pero es el fundamento de cualquier hilo.
«En realidad -añade Javier Lara-, no hay redes estándar antidrones. Fabricamos adaptando el producto al cliente. Parámetro de malla, ancho, grosor… «. El mayor reto no ha sido tanto la adaptación al nuevo uso de las redes, sino atender la urgencia de la demanda de forma eficaz y rápida, coinciden desde la dirección de IRC. Y en las instalaciones se nota. La empresa ha multiplicado su superficie de producción, en la que reserva un espacio importante solo para el almacenamiento de lo que debe salir directamente a Ucrania. «Muchas veces nos compran sin saber qué superficie van a tener que cubrir con las redes. Y lo adaptan allí. Son muchos miles de toneladas».
IRC en cifras
- Fundada en 1997
- Plantilla 150 empleados
- Cifra de negocios: 12.839.929 euros (2024)
- Crecimiento interanual en ventas: 19,6 %
Sentadas sobre el suelo y sobre las largas redes extendidas, como se han remendado siempre los artes de pesca en los puertos del litoral, las rederas revisan las mallas que salen de los telares reforzando los paños, cosiéndolos a mano o con máquinas que recuerdan el trabajo de las aparadoras del calzado. Una estampa marinera… en una fábrica de tierra adentro.
Casi el 50 % de la plantilla de 150 trabajadores son mujeres, un porcentaje que multiplica la media para una actividad manufacturera en España. Sin su experiencia y conocimiento, mantenido y transmitido desde hace generaciones en la población alicantina, la producción de redes sería inviable. Sin formación profesional específica, son las propias trabajadoras las que enseñan a sus compañeras. Esa misma especialización es también la que permite mantener una plantilla muy estable, sin apenas rotación. La sintonía y la sincronización se notan en la dinámica del trabajo.
Aprender sobre la marcha
«Hemos ido aprendiendo sobre la marcha. De los drones con hélices a los de turbina. Depende todo del peso, de la fuerza, de si lleva carga explosiva o no. Sabemos, incluso, qué ofrecer en función de las necesidades de la demanda si esta llega sin un conocimiento previo», indica Antón. Los bandos enfrentados van escalando en su tecnología conforme avanza el conflicto. Ahora, los ataques rusos se realizan habitualmente de forma sincronizada y en secuencia. Un drone que abre camino con material incendiario, y a los pocos segundos, otro impacta con la carga explosiva. La agilidad de la respuesta defensiva es clave para hacerle frente a cualquier innovación en el ataque y la empresa redera tiene recursos echando mano, de nuevo, a la tradición. “Igual que ideamos unas redes para que el lobo marino no atacara las jaulas del salmón, y las protegiera, hemos diseñado un producto para estos ataques. Los lobos marinos son animales grandes y no atacan de uno en uno, lo hacen en grupo. Igual que los drones”, dice Marcos, “ahora nos piden sistemas dobles y triples”.
Para los fabricantes no es ninguna novedad. En su repertorio de artes tradicionales de pesca el tresmalle, compuesta de tres mallas como su nombre indica, ha sido producto habitual, como las de arrastre, “capaces de soportar toneladas de peso y la abrasión con el fondo marino”, señala el director comercial mientras toca una de ellas. Se aumenta el grueso, se reduce la malla, se emplean materiales ignífugos con una, dos y tres redes, con nudo o sin nudo para absorber el impacto… “Teníamos también las redes ignífugas certificadas desde hacía quince años», añade, «y solo hemos implementado lo que ya sabíamos», para utilizarlo de la mejor forma.
La empresa, que facturó 12,8 millones de euros en 2024 con un incremento del 19 % en ese mismo ejercicio, ya tenía experiencia en defensa, aclara Marcos, “desde hace muchos años fabricamos redes destinadas a asegurar la carga en los aviones militares”. La discreción, en los negocios de defensa, es otro plus, aunque menciona como ejemplo, contratos con fuerzas armadas francesas, británicas o polacas. Por supuesto, sujetos a la más estricta confidencialidad. Contar menos, es más.
Las redes no van siempre necesariamente a zonas en conflicto. Con ellas se protegen bases militares que «le han visto las orejas al lobo». La vocación internacional de su producción está fuera de toda duda a poco que se ojee la información corporativa de la empresa. «Estamos creciendo en todo el mundo -sonríe con complaciente ironía-, incluso un poco, en España», indica el CEO de esta empresa, que confirma contactos con el Ministerio de Defensa sin más detalles.
24 horas
En determinados momentos se trabaja en turnos de 24 horas con ciertas fases del proceso de producción. “Nuestros pedidos son urgentes y no pueden esperar para otro día. El destino de estas redes… si llegan uno o dos días más tarde… Mejor no pensar en lo que puede pasar. El compromiso siempre ha sido con todos los clientes y sectores y si hay que recoger sábados y domingos siempre hay voluntarios», señala el CEO Manuel Marcos. «Por eso no es tan complejo, porque ya lo hacíamos».
¿Es un producto caro? «No puede serlo una red que puede costar, por ejemplo, 500 euros y protege un avión valorado en cien millones. Es un producto muy económico». Por no hablar de lo que supone en la seguridad diaria de las personas, civiles y militares. El coste beneficio es evidente y su utilidad, también. La seguridad en Ucrania se sigue tejiendo, día a día en Callosa, a 3.000 kilómetros de distancia.
