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Después de hacer pie en el Congreso, Milei busca ganar peso también en la Justicia

Con un poder creciente en el Congreso que le deja a mano la posibilidad de negociar con alguna ventaja las leyes que prefiere, Javier Milei compró llave en mano un ordenador de su relación con el Poder Judicial, un lugar en el que casi no había puesto el pie. Juan Bautista Mahiques será el encargado de poner en juego su mapa de conexiones políticas y judiciales para que el Presidente tenga, ahora sí, una política frente a los tribunales.

¿Qué fue lo que cambió en la cabeza de Milei? ¿Por qué se interesa ahora por un área que relojeaba a desgano en sus dos primeros años de mandato? La respuesta hay que buscarla entre los desvelos de Karina Milei, la promotora del flamante ministro de Justicia. La almohada de la hermana del Presidente conoce muy bien los riesgos de dejar al garete la relación con los jueces.

“Karina quiere que se cierren las causas de Andis y de Libra, y no entiende que es muy difícil que un juez acepte clausurarlas cuando una de ellas tiene sólo un año de iniciada y la otra menos que eso”, explica un hombre del oficialismo que conoce bien esas preocupaciones de la familia presidencial.

Para salir de ese apremio, Karina le pidió a Santiago Viola, el único operador judicial en el que confían los hermanos Milei, que se hiciera cargo del Ministerio de Justicia, el mejor lugar para que el joven abogado pudiera multiplicar su incidencia en los tribunales.

Viola consideró que su agenda era un poco delgada para esa magna tarea y se propuso como segundo de Mahiques, un reconocido influencer de la justicia federal y también de otras redes sociales.

Hay otro detalle que complicaba a Viola para desempeñar la tarea operativa que los Milei habían imaginado para él: el hombre fue acusado de organizar un montaje con testigos falsos para implicar a Sebastián Casanello – que tiene en sus manos (¡porca miseria!) la causa de Andis- en una visita a Cristina Kirchner que nunca existió. La profesión de embarrar jueces federales no abre muchas puertas en Comodoro Py.

Con su objetivo primordial en mente, Karina calculó que valía la pena pagar el costo de designar como ministro a un hombre que exhibía casi a cielo abierto relaciones cercanas con Pablo Toviggino y Claudio Tapia, los enemigos que había elegido el Presidente para la temporada veraniega.

¿El desembarco de Mahiques en el gabinete implica que el Gobierno dejará de avanzar contra los jefes de la AFA? No es posible responder esa pregunta rápidamente, sobre todo porque esa decisión quedó envuelta, como muchas otras de las resoluciones que quiere impulsar el Poder Ejecutivo, en la interminable disputa entre Karina y Santiago Caputo.

Ayer, cuando Mahiques seguía anunciando los nombres de su equipo, Clarín publicó un informe de la ARCA que da detalles sobre las conexiones de Toviggino, tesorero de la AFA, con la mansión de Pilar que se le atribuye. El secreto que explica la confección de ese informe es que el organismo de recaudación es uno de los puntales de la administración pública que sigue controlando Caputo. “Hasta ahora, Milei nunca pidió que la ARCApare con esta investigación a la AFA, así que todo sigue para adelante”, advierte un funcionario que conoce en detalle cómo funcionan esos mecanismos.

El nuevo ministro llega con una ofrenda dedicada a todo el Poder Judicial. En la semana del 16 presentará ante el Senado la primera lista de nombres de jueces para empezar a cubrir los enormes baches que tienen los tribunales. Milei tiene en su despacho más de trescientas carpetas de concursos para jueces de diferentes instancias que le mandó el Consejo de la Magistratura y él depositó en un cajón.

El Presidente nunca quiso nombrar jueces en sus primeros años de mandato.

Esa decisión se mantuvo, pero las motivaciones fueron cambiando. Primero, Milei guardaba esas carpetas para usarlas como señuelo en la negociación para que la oposición aceptara votar a sus dos candidatos para la Corte Suprema. Fracasada esa aventura, el Presidente calculó que no le convenía impulsar esos pliegos con sólo siete senadores. Todo cambió con su triunfo de las elecciones de medio término, y a finales del año pasado le mandó a la Corte Suprema un mensaje a través del malogrado Sebastián Amerio. Milei les prometió a los jueces que en marzo de 2026 empezaría a mandar los pliegos al a Cámara Alta.

Mahiques va a cumplir esa tarea con gusto -que le encarguen la designación de jueces debe ser como pedirle a un napolitano que se coma una pizza- pero antes quiere revisar los nombres. Por eso se tomará la semana próxima para peinar la primera nómina de entre 30 y 50 nombres. “Vamos a ir primero a lo más urgente”, explicó un integrante de su equipo. “Primero los camaristas civiles y de familia y la Cámara Federal de Comodoro Py y algunos jueces de instrucción en los lugares en que haya más faltantes”, detalló esa fuente.

La Corte Suprema, que ya desde hace meses abrió un canal de conversación con la línea karinista del Gobierno, recibirá muy bien esas designaciones, y también lo harán otros sectores del poder.

Para dar un indicio de los problemas que están generando las vacantes, se puede decir que, de los 24 juzgados electorales del país, hay siete (Córdoba, Santa Fe, Mendoza, Corrientes, Tucumán, Río Negro y San Juan) que no están ocupados. La Cámara Electoral se vio obligada a llenar esos huecos con jueces de los más diversos orígenes e incluso de otras provincias. ¿Ejemplos? El juzgado electoral de Río Negro está en manos de un subrogante de Neuquén y el de San Juan de uno de Mendoza.

La conversación con los jueces le servirá a Mahiques en otra tarea, muy importante para los presidentes que se presentan como reformistas. Milei necesita que las leyes que impulsa en el Congreso tengan aplicación en la vida material y no queden empantanadas en una valla de cautelares y presentaciones judiciales. Sin ese recaudo, las resmas con sesudas listas de desregulaciones que prepara Federico Sturzenegger quedan limitadas a girar en los servidores de X. Armar esa malla de protección para las reformas de Milei le costará a Mahiques más tiempo que desactivar la bomba de Chiqui Tapia.

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