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Salma y el feminismo de Vox

Que la realidad no se inmiscuya en el relato semanal. Toca hablar del uso del burka y del niqab, un tema candente. La propuesta de su prohibición en el espacio público es prácticamente la única aportación a la presente legislatura de la ultraderecha, cómodamente instalada en el hooliganismo hasta que ve el momento de enredar a algún hemiciclo. Debe tratarse del famoso «feminismo de Vox» sobre el que nos ilustraba estos días la desdichada María Guardiola, triunfadora de las elecciones en Extremadura lejos de la mayoría absoluta y política menesterosa. Una lideresa que donde ayer veía señoros y machirulos hoy ve sufragistas, una presidenta veleta secuestrada por su propia decisión de convocar a las urnas sin averiguar antes por dónde sopla el viento. Come y calla, María, le han dicho desde su partido. El PP de Alberto Nuñez Feijóo ya ha ganado sin mayoría suficiente las elecciones de 2027 que no quiere convocar Pedro Sánchez, y por eso ya está gobernando esposado a Santiago Abascal. Más vale hacerse a la idea y votarles lo del velo integral islámico, lo de los toros, las banderas o lo que pidan. Hablando de trapos, pues claro que no queremos permitir mujeres borradas por atuendos que simbolizan sumisión a las leyes de los varones y las religiones que les endiosan. Fuera burka y fuera niqab de nuestras vidas. Se nos revuelven las tripas cuando las vemos, unos pasos por detrás de señor de turno, salir de las tiendas de lujo donde han desembolsado miles de euros, y subirse a los coches de alta gama camino del yate.

El feminismo racista de Vox quiere eliminar las «cárceles de tela» donde encierran a las mujeres fanáticos de otras culturas que no tienen cabida en la nuestra. Pero llega Salma con su horripilante historia real que ha pasado aquí mismo e interrumpe el relato semanal. Marroquí sin velo, 38 años, ha vivido dos secuestrada en una casa de la huerta de Murcia. Se mudó con un novio español al que creía buena persona, y que al poco le quitó el teléfono y empezó a maltratarla. No la dejaba salir a la calle, la violaba y la molía a palos todas las noches, hasta que agotado por el esfuerzo la ataba y la encerraba en el baño para irse a dormir. Hace unos días se olvidó de amarrarla y ella pudo escapar, caminar cuatro kilómetros y pedir ayuda. Se encontraba en un estado lamentable, cubierta de heridas y de sangre, con el cráneo hundido y malnutrida, con huesos rotos y las marcas de navajazos ya curados. Por lo que contó a la policía, no es que su torturador dispusiera de un zulo para retenerla en secreto: había un trasiego constante de gente en casa, incluida la hija del agresor y un chico que le hacía los recados y trapicheaba para él con drogas, una actividad sabida en el pueblo. También una vecina, investigada como encubridora, que un día en que él le reventó un ojo con una barra de hierro la acompañó al hospital para que la curasen y asegurarse de que no se iba de la lengua. El tipo le enseñó incluso el agujero donde pensaba enterrarla cuando la matase. La familia denunció la desaparición de Salma en abril de 2024, pero no recibió noticia alguna. Las feministas de Murcia han convocado para este jueves una concentración de apoyo a la mujer que escapó del infierno por sus propios medios, denunciando que la violencia machista ejercida contra las migrantes no se atiende y se enfrenta con el mismo cuidado que cuando la víctima es blanca. Las feministas de verdad, no aceptamos gato por liebre.

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