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La campeona olímpica de bobsleigh que viaja por el circuito con sus dos hijos sordos, uno de ellos con síndrome de Down

¿Qué son unos Juegos Olímpicos, de verano o de invierno, sino una sucesión de historias fascinantes y desconocidas para el gran público? De entre todas las que está dejando la cita de Milán-Cortina 2026, pocas o ninguna como de la Elana Meyers Taylor. Ya sería reseñable de por sí su logro deportivo desnudo, campeona olímpica al fin a los 41 años tras acumular tres platas y dos bronces en los cinco Juegos anteriores, desde Vancouver 2010. Una de esas historias de resiliencia y constancia hasta lograr el gran premio.

Pero hay más. Muchísimo más.

Meyers Taylor ha alcanzado el oro olímpico en monobob, la prueba individual de bobsleigh, a los 41 años. Lo ha consegudo también después de ser madre biológica de dos niños, Nico y Noah. Que además son sordos por una mutación genética. El primogénito tiene además síndrome de Down. Ambos viaja por el circuito mundial con su madre.

La nueva campeona olímpica tuvo a su primer hijo en febrero de 2020, días antes de que el Covid arrasara con la normalidad de nuestras vidas. Con 35 años en ese momento, tenía claro que el embarazo era solo una pausa en su carrera deportiva, que regresaría al bobsleigh incluso en el siguiente invierno.

Ocho días en la UCI

Aquel fue un embarazo complicado, con un parto prematuro que provocó que Nico pasara en la UCI sus ocho primeros días de vida. Un bebé sordo y con síndrome de Down, por tanto con necesidades especiales por partida doble, alteraba cualquier previsión de Meyers Taylor y su pareja, Nic Taylor, también bobsledder.

Menos de un año después de dar a luz, la nueva campeona olímpica de monobob regresó a la competición. En su primera prueba de la Copa del Mundo fue séptima por parejas. Una semana después, era quinta en individual y segunda en parejas. Con ella, dado vueltas por Europa durante todo el invierno, siempre su bebé.

Elana Meyers Taylor. / Aijaz Rahi / AP

Dos años después de su primer embarazo, y tras dos medallas en Pekín 2022 (plata en individual y bronce en doble, tras no poder ejercer de abanderada por contraer el Covid), Meyers Taylor tuvo a su segundo bebé. Noah, al igual que Nico, también nació sordo. Y la historia se repitió: 14 meses después de ese parto, la bobsledder regresó al circuito cosechando podios y con la compañía de sus hijos.

«Quiero que me vean caer, levantarme y luchar»

«Se van a enfrentar a desafíos que ni siquiera puedo comprender. Quiero que vean que, a pesar de los obstáculos, puedes seguir persiguiendo tu sueño. Quiero que me vean con medallas colgando del cuello. Pero también quiero que me vean caer, levantarme y luchar«, explicaba la deportista a ‘The Athletic’ semanas antes de la cita olímpica.

Ellos no lo vieron, no habían nacido, pero su madre había cosechado hazañas hace ya más de una década. Fue la primera mujer que, en 2014, ejerció de piloto en en una competición cuádruple con hombres en la que también participó su marido, después de que la federación internacional permitiera la participación de mujeres en competiciones de hombres. Fueron terceros de EEUU.

Tampoco era madre todavía cuando denunció los episodios de racismo que había sufrido durante su carrera deportiva, ni cuando anunció que donaría su cerebro a la ciencia para que se estudiaran las consecuencias de las conmociones cerebrales. Elana Meyers Taylor, en fin, es una entre un millón.

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