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El combo de la bronca y la lucha de clases abre un nuevo escenario para derrotar la reforma laboral

En modo Bullrich. Aún cuando la jornada estaba promediando, lejos del final, las grandes empresas de comunicación habían decidido iniciar una feroz campaña de demonización que buscaba ocultar lo evidente: el crecimiento de la bronca y de la oposición social a un plan económico y político que empuja cada vez más a la precarización de la vida a grandes sectores de la clase trabajadora, así como también la disposición a la lucha de importantes sectores de la clase trabajadora y la juventud.

A la par de la ex ministra de Seguridad y ahora senadora, los grupos mediáticos buscaron estigmatizar a los manifestantes que protestaban con legítima razón contra la reforma laboral, intentando invertir el debate público.

Dicho de otra forma: un gobierno (y sus medios afines) que en algo más de dos años aplicó motosierra, reprimió la protesta social, votó leyes a favor del gran poder económico y subordinó el país a Donald Trump, y que ahora busca avanzar en una ley de esclavitud laboral para atacar el derecho de organización, facilitar los despidos, fraccionar las vacaciones, cuestionar las horas extras y extender la jornada laboral, entre tantos otros ítems, buscó mostrarse como víctima de la movilización. Solo la derechización del sistema de medios puede explicar que esa operación ridícula haya tenido lugar.

Sin embargo, por la tarde-noche todas las mentiras quedaron al desnudo. Después de las primeras represiones, algunos miles de manifestantes volvieron a la zona del Congreso Nacional, a la vez que otros nuevos llegaban después de trabajar, y fueron “recibidos” por una cacería indiscriminada que baleó, gaseó y se llevó detenidas a decenas de personas que se manifestaban. Quedó claro que ese era el objetivo oficialista desde la primera hora del día. Todo lo demás son excusas. El gobierno fracasó en un objetivo central: a cambio de hacer concesiones a los gobernadores en cuanto a ganancias, y de negociar algunos poquísimos puntos con la CGT (entregando a los trabajadores), quiso tener una jornada pacífica para dar una señal de «gobernabilidad» al capital financiero, pero no lo logró. Las calles no estuvieron tranquilas.

Desde sus redes sociales, Myriam Bregman se refirió con claridad a la situación: “Patricia Bullrich está tan quebrada que se olvidó que las reformas brutales generan resistencia. Si a la juventud le roban el futuro, lo tendrá que conquistar mediante la lucha. Violencia es mentir. Violencia es votar una reforma contra el pueblo. Violencia es ir a balazo limpio desde las motos. Ridículo pensar que los ataques pueden pasar sin que nadie resista ni alce la voz”.

Por la noche esta burda operación del gobierno y los medios había quedado seriamente cuestionada y quedaba en evidencia el tema de fondo: estamos frente a un gobierno nacional y a un gran poder económico que se sostienen en base a represión, al apoyo de Donald Trump y a la complicidad de la burocracia sindical y de la oposición cómplice. Pero aún así, eso no puede ocultar el creciente descontento social. El día anterior el Indec había informado -incluso con la metodología vieja, por la intervención del gobierno- que la inflación de enero fue del 2,9 %, la más alta desde marzo pasado, quedando cuestionada la desinflación, que viene siendo su principal caballito de batalla. A la par, el proyecto de motosierra, ajuste, baja del consumo, dólar barato, apertura importadora y sumisión a Trump y el FMI está generando una crisis en gran parte de la economía real, con pérdida de miles de puestos de trabajo, mientras que otros grandes problemas políticos como la crisis con la policía en Santa Fe son parte también del escenario político. El gobierno no logra ni remontar la economía real, ni controlar la inflación, ni mostrar escenas de paz política y social. A eso le quiere agregar el proyecto de esclavitud laboral.

En este sentido, la jornada actuó como un canal de expresión de rechazo a la reforma laboral, pero, de forma mucho más profunda, de una amplia oposición social al gobierno. De forma meritoria, las miles de personas que se movilizaron y que resistieron frente a la represión lo hicieron a pesar del triunvirato de la CGT que actuó en una traición total, no de ahora, sino desde hace largos meses que viene negociando las reformas con el gobierno sin siquiera llamar a un paro nacional y plan de lucha. El tibio llamado a la jornada de este miércoles, sin paro y con «libertad de acción» para los gremios, y con el colmo de siquiera copar la plaza frente al Congreso ni tan solo hacer un acto, buscó ser funcional a una política de negociación con el gobierno de la ultraderecha para dejar pasar lo esencial del plan, y para impedir que se exprese toda la fuerza social de la clase trabajadora. Sin embargo, la bronca se acumula, el triunvirato de la CGT está desprestigiado como nunca y miles de personas buscaron de todos modos la forma de expresar su bronca y su resistencia, incluso yendo después de su horario laboral, cuando ya se había desatado la represión.

Aún así, no son solo Milei y la CGT. Desde bien temprano en la mañana, el gobernador Martín Llaryora del peronismo cordobés comenzó la jornada con represión a quienes se manifestaban en esa provincia contra la reforma laboral. Ya que, cabe señalar, la jornada de lucha no fue solo en la Ciudad de Buenos Aires, sino que fue nacional. El día siguió con la apertura de la sesión en el Senado gracias a que a La Libertad Avanza le facilitaron el quórum la UCR, el PRO y sectores del peronismo. No es nada nuevo: desde el comienzo de su gobierno a Milei fueron muchos de estos cómplices los que le facilitaron la aprobación de la Ley Bases y tantas otras normas de ajuste y entrega. Un dato para no olvidar: quienes discutieron en el recinto la precarización laboral de millones son senadores que cobran 10 millones de pesos mensuales, además de contar en casi todos los casos con patrimonios millonarios.

El régimen político expresa de forma muy distorsionada la realidad. Entre un oficialismo que venía en crisis total, debacle económica y escándalos y solo se salvó en octubre por el rescate de Donald Trump que le permitió ganar las elecciones más por temor al caos que por apoyo, y una oposición del régimen fragmentada, cómplice y en crisis, ninguno de esos actores expresa el profundo descontento social que existe. Ese es el motivo de fondo por el cual comienzan a surgir nuevos sectores combativos que buscan otra salida.

En este marco la clase trabajadora y la juventud solo pueden confiar en sus propias fuerzas. Frente a un gobierno que no tiene nada que ofrecer más que ataques y frente a un peronismo sin rumbo, hay otra apuesta: la de jugarse a poner en pie a la clase trabajadora, con un gran desafío desde hoy, que es el de redoblar la pelea en cada lugar de trabajo, de estudio y en cada barrio para luchar por imponer desde abajo un paro nacional activo y un plan de lucha en el camino de la rebelión popular y la huelga general, de cara al tratamiento de la reforma laboral en Diputados. Esto incluye una gran pelea por abajo impulsando los más amplios comités de lucha, así como también una denuncia a la cúpula de la CGT pero también una exigencia a las direcciones sindicales de CTA, UOM, Aceiteros, Bancarios y todos los gremios que se plantean como más combativos pero tienen líneas conciliadoras.

Lo de este miércoles fue el primer round de una pelea que recién empieza. Incluso en caso de que se apruebe finalmente en Diputados en algunas semanas, la reforma laboral enfrentará miles de episodios de resistencia en cada lugar que quieran aplicar la precarización laboral y los despidos. Lustramax, el Garrahan y tantos otros lugares, así lo anticipan.

El PTS y el Frente de Izquierda vienen sumamente comprometidos con esta perspectiva y son un factor que viene jugando un rol creciente en estas peleas. Vienen de un 2025 en el que apoyaron todas las luchas y consiguieron también un fuerte prestigio que se expresó electoralmente como un pronunciamiento combativo por estar siempre donde hay que estar, con los jubilados, con el Garrahan, con los colectivos de Discapacidad y todos los sectores en lucha, mientras muchos miraban para otro lado, siendo cómplices pasivos de Milei.

Pero esa política no se tomó vacaciones, sino que continuó durante todo el verano desplegando una inmensa campaña de agitación contra la reforma laboral, no solo en los lugares habituales de militancia, sino también aportando fuerzas a reforzar grandes centros turísticos como Mar del Plata o Córdoba, entre otros, con avionetas y millones de afiches y volantes. También, volcando energías a las luchas más importantes como Lustramax o el Garrahan y apostando a poner en pie instancias de coordinación para rodear las luchas pero también para construir volúmenes de fuerza para disputar la base de los gremios y pelear por imponer un plan de lucha nacional desde abajo. Todo esto, a la par de desplegar una campaña de agitación antiimperialista contra el ataque de Trump a Venezuela, las amenazas a Cuba e Irán o dando apoyo a la lucha obrera y campesina en Bolivia.

Este miércoles toda esa actividad y esa orientación se reflejó en las calles, con los miles que participaron junto a la izquierda de forma crítica e independiente de la convocatoria de la CGT, pero también con el enorme reconocimiento que hubo en las calles a nuestro partido y a sus principales referentes como Myriam Bregman, Nicolás del Caño o Christian Castillo que estuvieron codo a codo junto a miles y son reconocidos como importantes referentes de las luchas y para ofrecer una perspectiva que hoy ni la burocracia sindical ni el peronismo ofrecen. Hoy no terminó ninguna pelea, sino que empieza otra etapa. Esos puntos de apoyo conquistados estarán puestos al servicio de la pelea cuando se trate en Diputados, la próxima estación. A todos los compañeros y compañeras con los cuales compartimos tantos desafíos en las calles, les proponemos encarar juntos desde hoy mismo este nuevo capítulo. Está en nuestras manos y es parte de la construcción de un gran partido de la nueva clase trabajadora que dé otra salida a la decadencia capitalista.

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