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Starmer estrecha las relaciones con China tras años de tensión entre Londres y Pekín

La reconfiguración del orden mundial provocada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está obligando a los países occidentales a buscar nuevos socios diplomáticos y comerciales. El primer ministro británico, Keir Starmer, se ha reunido este jueves con el presidente chino, Xi Jinping, en el marco de su visita al gigante asiático, en la que está tratando de captar nuevas inversiones y de reforzar las relaciones bilaterales tras años de tensión entre Londres y Pekín. Starmer ha sido el último líder occidental en sumarse al acercamiento a China como respuesta a la incertidumbre cada vez mayor en el plano internacional y al debilitamiento de la alianza transatlántica. 

El primer ministro británico, el primero en visitar el país en ocho años, ha destacado la importancia de descongelar las relaciones con Pekín para impulsar el crecimiento económico en el Reino Unido. Prueba de ello ha sido la enorme delegación que le ha acompañado en este viaje, formada por cerca de 60 líderes empresariales y culturales. «Hemos tenido una sesión muy buena y productiva, con resultados reales y concretos que han fortalecido verdaderamente nuestra relación», ha asegurado Starmer tras su encuentro con Xi. «Esto va en beneficio del interés nacional, ya que China es la segunda economía más grande del mundo y hay enormes oportunidades. Por eso contamos con una delegación empresarial tan numerosa», ha añadido.

Las dos partes han firmado una decena de acuerdos de cooperación en varios ámbitos, incluido el comercio, la inmigración y la sanidad. Uno de los principales focos ha sido el impulso de la exportación de servicios a China, un mercado que alcanza los 13.000 millones de libras y que, según las previsiones, crecerá más de un 120% en la próxima década. Las dos partes se han comprometido a desarrollar un estudio de viabilidad para alcanzar un acuerdo bilateral en este sentido. Otro avance importante ha sido la eliminación de los visados obligatorios para estancias inferiores a 30 días, algo que facilitará los desplazamientos de turistas y empresarios británicos al gigante asiático.

Cambio de rumbo

La visita de Starmer supone un cambio de rumbo significativo en las relaciones bilaterales con Pekín. El Gobierno laborista ha insistido en su voluntad de poner fin a los vaivenes de los anteriores gobiernos conservadores, los cuales mantuvieron posiciones encontradas en esta materia: mientras que David Cameron y Theresa May apostaron por un acercamiento, sus sucesores, Boris Johnson, Liz Truss y Rishi Sunak, mantuvieron una posición mucho más fría o casi inexistente con Pekín.

«Las relaciones entre China y el Reino Unido pasaron por algunos altibajos que no favorecieron los intereses de nuestros países», ha asegurado Xi al inicio de la reunión bilateral de este jueves, en una clara referencia a los gobiernos conservadores. El líder chino ha señalado que, ante una situación «turbulenta» en el plano global, los dos países deben reforzar el diálogo con el objetivo de mantener la «paz y la estabilidad» y ha agradecido al Gobierno laborista su buena disposición. «En el pasado, los gobiernos laboristas contribuyeron de manera importante al crecimiento de las relaciones entre China y el Reino Unido. Estamos dispuestos a desarrollar una asociación estratégica y coherente a largo plazo que beneficie a nuestros dos pueblos». 

Críticas al Gobierno

El acercamiento a Pekín ha sido criticado por parte de la oposición, incluidos miembros del Partido Conservador, que alertan de los riesgos para la seguridad nacional y acusan al Ejecutivo de pasar por alto los ataques a los derechos humanos y la persecución de disidentes y de minorías étnicas en China. Organizaciones de derechos humanos como Reporteros Sin Fronteras han pedido a Starmer que aproveche la visita para exigir la liberación de Jimmy Lai, el empresario de Hong Kong encarcelado desde 2020.

Los rivales de Starmer también le han reclamado que ponga sobre la mesa la represión contra la comunidad uigur, los supuestos casos de espionaje en el Reino Unido y el apoyo a Rusia en la guerra de Ucrania. Unos asuntos que, según Downing Street, han sido mencionados en el encuentro de este jueves como parte de un «diálogo franco y abierto sobre las áreas de desacuerdo». Aún así, el Gobierno laborista no parece dispuesto a comprometer el acercamiento a Pekín y ha dado muestras de buena voluntad en las últimas semanas, entre ellas la aprobación de la llamada «súperembajada» china en Londres. Todo con el objetivo de engrasar unas relaciones que parecen más necesarias que nunca.

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