El primer ministro francés, Sébastien Lecornu, presentó este martes su primer artículo 49.3, el recurso constitucional que le permite aprobar los presupuestos sin necesidad de una votación en la Asamblea Nacional.
Desde que asumió el cargo, Lecornu siempre ha llevado una fecha de caducidad; él mismo reconoció al inicio de su mandato que su andadura era “frágil”. Sin embargo, y contra todo pronóstico, el séptimo primer ministro de Emmanuel Macron ha conseguido acercar posturas con los socialistas y sortear varias mociones de censura, hasta hoy. El jefe de Gobierno consideró este martes que el texto de los presupuestos “no es votable”, indistintamente de la configuración y de las circunstancias, “la situación está bloqueada y la nación necesita unos presupuestos”. Por ello, optó por aplicar el artículo 49.3, mientras parte del hemiciclo de la Asamblea Nacional vitoreaba su decisión.
“Esta serie de debates parlamentarios no ha satisfecho a nadie. Solo hemos podido hablar de impuestos, impuestos… Nunca hemos abordado el fondo de un presupuesto. Es una pena”, lamentó la presidenta de la Asamblea Nacional, Yaël Braun-Pivet, para quien “no es posible seguir así”, y aplaudió la decisión de Lecornu.
En respuesta, La Francia Insumisa y Agrupación Nacional ya han presentado dos mociones de censura que se examinarán el próximo viernes, y que si nada cambia, pocas opciones tienen de prosperar, a pesar de contar con el apoyo de los comunistas y los ecologistas. Para que ambas mociones salgan adelante se necesitan 289 votos, pero sin el respaldo del Partido Socialista y de Los Republicanos, que desde hace unas semanas han optado por una postura más conciliadora, la mayoría no está garantizada.
El Partido Socialista no censurará
El Primer Secretario del Partido Socialista, Olivier Faure, dejó claro este martes para los micrófonos de France Inter que el Partido Socialista no censurará al Gobierno de Lecornu. «Aún no hemos visto la versión final, pero, según tengo entendido, se cumplirán nuestras condiciones de no censura, por lo que no censuraremos al gobierno», insistió.
«Cuando nadie tiene mayoría, es necesario un cambio cultural; significa aceptar la necesidad de negociar, incluso con quienes se oponen. No me he hecho partidario de Macron, ni el primer ministro se ha hecho socialista, pero era necesario llegar a un acuerdo», añadió Faure.
Con las elecciones municipales a la vuelta de la esquina, muchos cargos electos socialistas interpretan la decisión de su partido como un mensaje de responsabilidad, a pesar de que Lecornu ha fallado a su palabra, cuando el 3 de octubre prometió no aplicar el artículo 49.3. Los socialistas se lo perdonan, porque el primer ministro ha cumplido con otras concesiones, como aumentar la prima de empleo para los trabajadores con salarios más bajos y extender el servicio de comidas a un euro para todos los estudiantes, hasta imponer un recargo sobre los beneficios de 300 grandes empresas, incluso si eso significaba no cumplir con el objetivo de déficit del 5% establecido antes de la elaboración del presupuesto.
El Gobierno sabe que aún tiene mucho por hacer y muchos a quien convencer de que aplicar este decretazo es la única vía para avanzar. La portavoz, Maud Bregeon, insistió este martes que el presupuesto de 2026 no prevé «un aumento de los costes laborales ni subidas de impuestos para los hogares”, es decir, “no es un presupuesto de acoso fiscal ni para los hogares ni para las empresas”.
