InicioSociedadEconomía 2026. El Banco Mundial contradice a Milei y Caputo

Economía 2026. El Banco Mundial contradice a Milei y Caputo

A pesar del discurso de Milei y Caputo sobre las bondades de su programa económico, un organismo como el Banco Mundial —del cual no se puede sospechar su posición de cara al gobierno— contradice las expectativas de los libertarios. La realidad cotidiana de la calle, atravesada por un ajuste insoportable, se hace visible en las proyecciones del organismo internacional.

El Banco Mundial, en su reciente informe de Perspectivas Económicas Mundiales de enero de 2026[i], aplicó un recorte significativo a las proyecciones de crecimiento para la Argentina, situando la expansión del Producto Interno Bruto en un 4% para este año. Esta cifra representa una corrección a la baja de medio punto respecto a lo que el propio organismo estimaba apenas unos meses atrás, cuando la gestión libertaria todavía lograba convencer a los técnicos de Washington de una recuperación mucho más importante tras la profunda recesión de los años previos.

El organismo multilateral justifica este retroceso señalando factores que el gobierno libertario se empeña en maquillar en sus conferencias de prensa. Según el Banco Mundial, la incertidumbre en la política interna registrada durante el año pasado provocó episodios de presión cambiaria que derivaron en una suba de las tasas de interés de mercado. Este fenómeno impacta de manera directa sobre el consumo, el crédito y la inversión, asfixiando a las familias y a las pequeñas empresas que dependen del mercado interno para sobrevivir. El diagnóstico del organismo muestra que el apretón monetario y fiscal para conseguir el superávit a cualquier precio está secando la plaza de pesos y liquidando la demanda, lo que impide que la economía real despegue de manera sostenida.

A pesar de que el informe intenta suavizar el golpe ubicando a la Argentina entre los países con mayor crecimiento proyectado en la región, solo por detrás de República Dominicana y Panamá, en términos comparativos no hay nada que festejar para los sectores populares. Esta supuesta expansión del 4% es engañosa y despareja, ya que se apoya fundamentalmente en sectores primarios y extractivos como el agro, la energía y la minería, que dependen de precios internacionales y no generan empleo masivo ni salarios dignos. Es un crecimiento hacia afuera que sirve para que el Banco Central acumule reservas y cumpla con los vencimientos del FMI, pero que deja a la industria manufacturera y a la construcción en un estado de postración estructural.

La realidad de las fábricas en el Gran Buenos Aires y en el resto del país desmiente el optimismo de los funcionarios. Los recientes despidos en la petroquímica Sealed Air de Quilmes, donde familias enteras quedaron en la calle tras décadas de servicio, o el conflicto en Lustramax de Tortuguitas, donde la respuesta patronal a los reclamos de los trabajadores fue la represión policial, son las verdaderas caras del modelo. El Banco Mundial advierte que las tasas elevadas y el mercado interno debilitado lastiman la capacidad de expansión de los rubros que históricamente explican una mejora en el nivel de vida. Lo que estamos presenciando es un proceso de desindustrialización acelerada donde el capital financiero y especulativo es el único ganador, mientras el trabajador es descartado como una variable de ajuste más.

Esta contracción económica se ve agravada por una morosidad crediticia que ya alcanza niveles alarmantes, con un 7,8% de mora general y casi un 10% en los préstamos personales y saldos de tarjetas de crédito. Las mayorías trabajadoras están pagando con sus ahorros y sus condiciones de vida el mantenimiento de una timba financiera que el oficialismo defiende como libertad.La suba de tasas inducida por el Tesoro y el Banco Central para planchar el dólar como ancla inflacionaria está destruyendo la cadena de pagos y empujando a miles de empresas al cierre definitivo. El milagro de Caputo se sostiene sobre la base de ingresos congelados y un consumo por el piso (aunque esto ya no se contiene con el número de la inflación), una receta que el Banco Mundial empieza a leer como un riesgo para la estabilidad misma del programa.

Incluso el propio organismo reconoce que la estabilidad actual es una construcción artificial apuntalada por el respaldo geopolítico de los Estados Unidos y la provisión de líneas de swap. Sin ese auxilio externo, el esquema de bandas cambiarias y la política de tasas estarían en una situación mucho más crítica que la actual. La obediencia del gobierno ante los intereses de Washington y el capital transnacional es total, sacrificando la soberanía económica para figurar en un ranking de crecimiento que no llega a la mesa de los argentinos. Mientras se sigan privilegiando los dictados de los usureros internacionales, cualquier cifra de expansión será solo un dibujo estadístico para consumo de los inversores.

Este programa de ajuste salvaje es un plan sistemático de transferencia de riqueza que solo ofrece miseria para las mayorías. El retroceso en las expectativas de crecimiento para 2026 confirma que el sacrificio exigido por Milei no conduce a ninguna reactivación genuina para los trabajadores. La única salida soberana frente a este saqueo es la ruptura con el FMI, el no pago de la deuda ilegítima y la puesta en marcha de un plan económico que priorice la industrialización local y la recuperación inmediata del poder adquisitivo. No podemos permitir que el futuro del país se siga negociando en los despachos de Washington mientras las fábricas cierran y la pobreza sigue entrando en los hogares.


[i]  https://openknowledge.worldbank.org/server/api/core/bitstreams/f53549d4-6c5b-43b8-ae8e-9432ab8917b9/content

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