En pleno centro de Villa Carlos Paz, el puente peatonal del Centenario se convirtió con el tiempo en algo más que un paso obligado para cruzar el lago. Para muchos visitantes, es también un lugar donde dejar una marca: un candado colgado del cable metálico como símbolo de amor, amistad o recuerdo de viaje. Nombres grabados, fechas especiales y promesas silenciosas forman parte de una postal ya habitual.
Pero esa imagen romántica tiene una consecuencia concreta. Con el paso de los meses, los candados comienzan a oxidarse y afectan la estructura del puente, por lo que la Municipalidad realiza retiros periódicos para preservar el estado del paso peatonal y evitar daños mayores en el metal.
Lo llamativo es lo que ocurre después. El bronce recuperado de esos candados no se descarta ni se pierde. Se funde y se reutiliza para la fabricación de los Premios Carlos, las estatuillas que cada verano distinguen a los artistas y espectáculos de la temporada teatral de la ciudad.
Así, el recorrido del metal une dos mundos muy propios de Carlos Paz. Del paseo turístico y el gesto íntimo, al escenario y los aplausos. Del puente que cruza el lago, a la gala que celebra al teatro. Una transformación que convierte recuerdos personales en un símbolo colectivo de la cultura local.
Para quienes caminan hoy por el puente del Centenario, saber que esos candados tienen un segundo destino suma una historia más al paseo. Y para los visitantes, una anécdota singular: en Carlos Paz, el amor colgado también termina brillando bajo las luces del teatro.
