Richard y su hijo Mike acaban de aterrizar en Barcelona desde Dallas, la tercera ciudad más grande de Texas (Estados Unidos). En la capital catalana, una de las paradas obligatorias es ir al Camp Nou, hacer el tour por el estadio, visitar el museo de la entidad culé y hacer algunas compras como la camiseta oficial del club con el nombre y el 10 de Lamine Yamal a la espalda, el astro que hace las delicias de los aficionados del Barça en todos los rincones del planeta. Padre e hijo gastaron el pasado fin de semana 4.000 euros en tan solo tres días en la ciudad. El fútbol como ocio familiar no apto para todos los bolsillos ya está aquí y los fondos de inversión van a acelerar esta tendencia.
El dinero de los fondos ha dejado de mirar al fútbol como una excentricidad y lo ha convertido en un activo más de su radar. En los últimos cuatro años, tras la pandemia, la inversión vinculada al capital privado en el balompié nacional se eleva hasta los 4.810,7 millones con Atlético de Madrid, FC Barcelona y Real Madrid como principales protagonistas, además de la inversión de 1.994 millones de la firma británica CVC en LaLiga a cambio del 10% del negocio comercial de la competición doméstica durante 50 años y la adquisición del Espanyol de 130 millones por parte de ALK Capital del empresario estadounidense Alan Pace, dueño también del Burnley inglés. Las cifras en toda Europa se elevan hasta los 58.000 millones y en el terreno estrictamente del capital de los clubes, la cifra ronda los 22.000 millones desde 2021, según los datos de la plataforma de datos Gain.pro.
«El deporte, y en especial el fútbol, es cada vez más profesional y eso atrae capital; y cuantos más fondos entran, más se profesionaliza el sector, es una rueda que se acelera desde la pandemia. Muchos inversores están interconectados y repiten en varios clubs y ligas, como en otros sectores. En el caso del Atlético, al final conviven fondos como Apollo y Ares, que también tienen intereses en franquicias de la NFL y en grandes clubs europeos como el Chelsea y el Crystal Palace a través del fundador de Apollo, Josh Harris. Esto demuestra que el fútbol se ha convertido en un gran ecosistema financiero global, aunque siga teniendo un componente emocional único», explica Carlos Cantó, consejero delegado de SPSG Consulting y profesor en Esade.
La irrupción de Apollo en el capital del Atlético de Madrid con el 57,5% de las acciones a través de una inversión de 1.440 millones es la muestra de que el capital privado ha puesto su mira en el fútbol patrio. Tras años de financiación alternativa -préstamos respaldados por activos inmobiliarios como los estadios, derechos audiovisuales o ingresos futuros, las famosas palancas del FC Barcelona- el sector ya no busca únicamente prestar dinero, ahora se toma exposición a la revalorización y a la transformación del club: de los ingresos tradicionales de venta de canteranos, televisión, camisetas y entradas se persigue que las entidades facturen a través de ofertas complementarias de ocio como museos, visitas culturales al estadio, organización de eventos y conciertos, formación… algo que en Estados Unidos se lleva años poniendo en práctica. La diversificación de la facturación contrasta con la tesis que hasta ahora utilizaban los empresarios y los fondos soberanos ligados a los países de Oriente Próximo que se han acercado al fútbol: notoriedad y repercusión mediática. El PSG (Catar) y el Newcastle (Arabia Saudí) son ejemplos de los llamados clubs Estado.
Sevilla, Getafe y Real Oviedo
Tras el club que preside Enrique Cerezo, varios clubs españoles ultiman su venta a fondos de inversión extranjeros ante el empuje de la Premier League y el apetito de estos vehículos. El Sevilla es una de las entidades que ha puesto el cartel de se vende y que podría cambiar de manos en las próximas semanas. El exjugador sevillista e internacional por España Sergio Ramos acaba de irrumpir con fuerza en el proceso y ofrece 400 millones por el club junto a un fondo norteamericano, que ostentaría la mayoría accionarial. El defensa central adelantaría así a la oferta del vehículo estadounidense Riverside, que ha rebajado sus cifras tras conocer detalles de las cuentas del Sevilla, y a la opción de los empresarios hispalenses Antonio Lappí y Fede Quintero. El club arrastra una deuda de 88 millones de euros y posiblemente el nuevo dueño deberá afrontar una ampliación de capital, además de resolver si acomete obras en el Estadio Ramón Sánchez Pizjuán, como están previstas para 2027, o decide que la revalorización de la entidad pasa por una venta millonaria del recinto del barrio de Nervión para mudarse a una nueva localización.
Sin embargo, el proceso de venta va más allá del encaje del precio final. El reparto accionarial del club está muy fragmentado y enfrentado entre el otrora presidente de la entidad José María del Nido Benavente (padre), que controla directamente e indirectamente el 38% del capital; Sevillistas de Nervión que posee el 20% del accionariado -José María del Nido Carrasco (hijo) y las familias Guijarro, Alés y Castro-, y la familia Carrión, que tiene otro 15%, que componen el actual consejo de administración. La aseguradora estadounidense A-Cap tiene otro 15% y el resto está en manos de pequeños accionistas.
Otro club que está sobre la mesa de los fondos es el Getafe. Ángel Torres, presidente y accionista mayoritario con el 99,5% del capital, quiere hacer caja con el club del sur de Madrid. El directivo accedió a la presidencia del club en 1989 y se convirtió en dueño en 2002 después de que el alcalde de la ciudad -por entonces, Pedro Castro- lo convenciera para que invirtiera en un equipo en plena crisis económica y deportiva. En octubre, se publicó que el fondo estadounidense Fenway, que controla el Liverpool y el club de béisbol estadounidense Boston Red Sox, estaba muy cerca de comprarlo por 200 millones. Sin embargo, en noviembre se retiró de la puja al ver inviable la operación por las limitaciones de ingresos del club y la veteranía de la plantilla que dificulta la venta de jugadores a precios altos.
El interés lo recogió el conglomerado catarí JTA International, que pretendía dar nombre al estadio Coliseum y el patrocinio de la camiseta azulona. Torres reconoció un encuentro con la entidad de Oriente Próximo pero únicamente para negociar el nuevo nombre del campo, que está en plena remodelación. Pese al interés de los fondos, el presidente ha insistido en que pretende seguir al frente de la entidad hasta que concluyan las obras del Coliseum en 2027.
El Oviedo es otro de los clubs cuyos accionistas están en la rampa de salida, según fuentes del mercado. La entidad asturiana se salvó de entrar en causa de disolución en 2012 tras realizar una ampliación de capital cercana a los cuatro millones de euros, por la que el multimillonario Carlos Slim pasó a controlar el 34% de las acciones. Diez años después, el grupo mexicano Pachuca, dueño del Pachuca y del Club León, irrumpió en el equipo carbayón con una participación mayoritaria del 51%, dejando a Slim con el 20% del capital del total.
El grupo Pachuca acaba de anunciar que saldrá de Club León en los próximos seis meses y su intención es vender por 200 millones de dólares (170 millones de euros). El grupo a su vez controla el Everton de Viña del Mar (Chile), el Atenas de San Carlos (Uruguay) y el Coyotes de Tlaxcala (México) y tiene intereses en proyectos como la Universidad del Fútbol y en el Salón de la Fama del Fútbol Internacional de la ciudad mexicana.
La Premier golpea más
En las cinco grandes ligas europeas -las de España, Inglaterra, Italia, Alemania y Francia-, el 36,5% de los clubs tienen participación de un fondo. Además, desde 2023 se han registrado 19 cambios de propiedad en entidades europeas, la mayoría con inversiones de capital privado. Cada país tiene sus propias peculiaridades: por ejemplo, en Italia los fondos se han hecho con el control de parte del capital tras impagos de deuda. El Inter de Milán pasó a manos de la firma estadounidense Oaktree tras ejecutar un préstamo impagado de 275 millones al empresario chino Zhang Kangyang. El AC Milan, por su parte, está bajo el paraguas de RedBird Capital, que tomó el relevo en 2022 de otro fondo, Elliott, que había aterrizado solo cuatro años antes y vendió valorando el club en 1.200 millones de euros.
«Las trasacciones de clubes se fijan normalmente en función de sus ingresos. Las últimas compras realizadas en la Premier League se han cerrado a precios de cinco a siete veces su facturación. Lejos, sin embargo, de las cifras de hasta 10 veces más que se pagan por franquicias estadounidenses. En el caso del Atlético, la operación se sitúa entre cinco y seis veces su facturación, sin embargo en España ha habido operaciones de 1,5 veces los ingresos. Los clubs españoles respecto a la Premier presentan importantes descuentos», comenta un abogado especializado en derecho deportivo.
Las últimas dos grandes compraventas de la Premier League dejan al descubierto que en la potente liga inglesa los fondos no solo pagan por los resultados operativos sino por la expansión internacional, el crecimiento de los nuevos ingresos derivados del ocio familiar y la capacidad de monetizar audiencias globales. El presidente de la compañía química Ineos invirtió 1.200 millones en el 27,7% de las acciones del Manchester United en diciembre de 2023, lo que supuso valorar el club en 5.700 millones -ocho veces sus ingresos de ese momento-. La firma californiana Silver Lake aumentó su participación en la matriz del Manchester City, City Football Group, a finales de 2022 hasta el 18% en una operación que valoraba el conglomerado deportivo que también controla el Girona en 6.300 millones, nueve veces los ingresos.
A diferencia de una empresa convencional, donde el precio se negocia muchas veces sobre el beneficio bruto o el ebitda (rentabilidad antes de restar intereses, impuestos, depreciaciones y amortizacione), los clubs se valoran, en general, sobre ingresos, con multiplicadores de cuatro a seis veces. El motivo es doble: los beneficios son volátiles -porque dependen del rendimiento deportivo-, mientras que los ingresos tienden a ser más predecibles si la liga es estable, el club tiene marca y la explotación comercial está bien desarrollada.
Más multipropiedad
A medida que la propiedad se concentra, crece otra derivada: la multipropiedad. City Football Group agrupa al Manchester City, el Girona, el New York City, el Palermo y el Troyes francés, entre otros. RedBird controla el Milán, el 85% del Toulouse y está vinculado al ecosistema de Fenway Sports Group (Liverpool). El fondo estadounidense 49ers Enterprises es dueño del Leeds y el Rangers, el británico V Sport controla el Aston Villa, el Vitoria de Guimaraes y el Real Unión de Irún o Black Knight el Bournemouth inglés, el Lorient francés, el Hibernian escocés o el Moreinense portugués. Muchos de estos fondos también han dado el salto a América Latina, Japón o incluso geografías con menos tradición futbolística como China, India, Australia o Nueva Zelanda.
El objetivo suele ser ganar escala: compartir datos, metodología, acuerdos comerciales y, sobre todo, construir carriles para el desarrollo y la circulación de futbolistas dentro del propio ecosistema. Sin embargo, este modelo choca con las reglas de la UEFA y la credibilidad de las competiciones y ha hecho que esta temporada el Crystal Palace inglés no haya podido jugar la Europa League y se haya tenido que conformar con la tercera competición continental, la Conference League, porque comparte accionista con el Olympique de Lyon, el empresario estadounidense John Textor.
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