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Así se rodó ‘Ciudad de sombras’ en Barcelona: los trucos y vetos a Netflix para recrear los iconos de Gaudí

Barcelona es una de las capitales mundiales del turismo. El cine y las series también han sabido sacarle bastante partido (‘Vicky Cristina Barcelona’, ‘[REC]’, ‘Bird Box Barcelona’, ‘Merlí’, la recientemente estrenada ‘Gente que conocemos en vacaciones’…). Una de sus grandes bazas es, cómo no, el modernismo, en general, y las obras de Antoni Gaudí, en particular. Y uno de los títulos que últimamente mejor ha explotado su potencial en la pantalla es la serie de Netflix ‘Ciudad de sombras’.

Basada en la primera novela de la saga sobre el ‘mosso’ Milo Malart escrita por el barcelonés Aro Sáinz de la Maza, y protagonizada por Isak Férriz y Verónica Echegui, es un ‘thriller’ que plantea asesinatos en los edificios más icónicos del arquitecto que diseñó la Sagrada Família. El aire místico de sus construcciones (en la trama surge incluso el debate sobre si era masón) le va muy bien a la ficción, que titula cada uno de sus seis capítulos como una de las obras de Gaudí: la Casa Milà-La Pedrera, el Palau Güell, la cripta de la Colònia Güell, el Park Güell, pabellones Güell y la Sagrada Família.

Con un argumento así, la serie necesitaba rodar en esas emblemáticas edificaciones modernistas, aunque al principio al equipo no le resultó nada fácil poder integrar la obra de Gaudí en la trama. Lo reconoce Jorge Torregrossa, creador y director de ‘Ciudad de sombras’. «Era uno de los grandes retos que teníamos y, ya desde la escritura, éramos muy conscientes de que iba a ser una de las grandes dificultades del proyecto y que, si no lo conseguíamos, la adaptación de la novela era imposible», explica el ‘showrunner’, que contaba con experiencia previa rodando en Barcelona, porque había trabajado en títulos como ‘Hache’ y ‘El cuerpo en llamas’.

«Al principio encontramos mucho rechazo, ya a nivel de contenido», rememora. «La Fundación La Pedrera lo primero que nos dijo era que no podíamos mostrar imágenes de cómo se quema a un señor en la fachada del edificio«, una de las escenas iniciales que aparecen en ‘Ciudad de sombras’. «Necesitamos muchas conversaciones para explicarles cuál era la visión de la serie y la necesidad de contar algo que iba más allá de un asesino, unas víctimas y un caso policial, sino que estábamos haciendo un poco un retrato de la Barcelona contemporánea«, señala Torregrossa. Poco a poco, se fueron entendiendo y la colaboración con el jefe de márketing de la Casa Milà, Eloi Morte, fue clave. «A partir de ahí, todas las demás cartas fueron cayendo».

Pero tuvieron que sortear unos cuantos escollos logísticos. Como los extensos horarios de visitas turísticas a La Pedrera, que les dejaban muy poco margen para rodar. «Abren de nueve de la mañana a cuatro de la madrugada porque tienen actividades nocturnas, con lo que la ventana que nos quedaba era muy pequeña». ¿La solución? «Reservar las fechas con mucha antelación, esperando que ningún actor se pusiera enfermo o que ese día diluviara, y grabar de noche y con iluminación especial secuencias que eran de día«. En la escena con los protagonistas en la azotea aprovecharon la madrugada de un domingo, justo la noche del cambio de hora, lo que les proporcionaba más margen para usar la luz natural.

Más protagonismo del Palau Güell

Otro de los trucos fue trasladar alguna de las secuencias que en el libro transcurrían en La Pedrera al Palau Güell, dándole más protagonismo a este enclave en la serie. «Vas alterando las cosas según vas encontrando las posibilidades», recalca Torregrossa. En la escena del empresario quemándose en la fachada de La Pedrera, por ejemplo, tuvieron que hacer una réplica del balcón (de la reja y de la piedra de la fachada) en un decorado, donde podían trabajar con el especialista y luego añadir los efectos digitales y el CGI.

«El director de arte, Balter Gallart, pensaba que todo estaría digitalizado, pero no existía, y lo tuvimos que hacer a mano. Fue un proceso muy bonito porque cuando vino la historiadora de la Casa Milà a dar su aprobación del decorado terminado, se emocionó muchísimo. Vio que habíamos construido una réplica exacta«.

Isak Férriz (Milo Malart) y Verónica Echegui (Rebeca Garrido) en una imagen de la serie ‘Ciudad de sombras’ / Netflix

En la cripta de la Colònia Güell, en cambio, les pusieron «muchas facilidades», pero tanto en el Park Güell como en la Sagrada Família no tuvieron permiso para grabar. «En el Park Güell habían celebrado unos meses antes el pase de modelos de Louis Vuitton y había pasado algo en la escalinata, así que eran muy reacios a permitir rodajes en el interior». La solución fue rodar en el exterior, en la puerta, y la parte del Turó de les Tres Creus la hicieron en una colina de al lado, «donde la vista era muy parecida, pero también es una recreación con efectos digitales y rodaje real con los actores».

Sentimientos contradictorios

El punto álgido de la serie, el último episodio, tiene lugar en uno de los mayores símbolos de la capital catalana, la Sagrada Família. «Pero todo lo que había que montar para ese clímax del capítulo final en la fachada era imposible, así que también utilizamos parte de efectos digitales«, explica Torregrossa, que reconoce que la serie redefine la imagen cinematográfica más habitual de Barcelona, dándole un toque más tenebroso. «Esa semilla ya está en el libro, una ciudad con una escenografía espectacular pero en la que también, como en otras partes, hay corrupción y desfavorecidos. Por eso no queríamos que fuera una cosa como de postal y enseñamos muchas zonas diferentes de Barcelona», recalca.

Jorge Torregrossa / Sandra Román / EPC

Postal o no, lo cierto es que ‘Ciudad de sombras’ es uno de esos trabajos que consiguen que se creen rutas turísticas siguiendo los escenarios de la serie, algo que produce sentimientos ambivalentes en su creador. «Yo no soy de Barcelona pero llevo mucho tiempo aquí. Cuando te sientes orgulloso del sitio en el que vives quieres enseñarlo, pero a la vez quieres que se preserve y no quieres que se convierta en un infierno de autobuses y de grupos siguiendo a alguien con un paraguas. Así que es un sentimiento contradictorio que tenemos como cineastas pero que creo que todo el mundo puede comprender», concluye.

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