InicioSociedadJinack, el nuevo epicentro de la mortal ruta migratoria hacia Canarias

Jinack, el nuevo epicentro de la mortal ruta migratoria hacia Canarias

Jinack, una diminuta isla frente a la costa de Gambia, se ha consolidado como uno de los principales puntos de salida de cayucos y pateras rumbo a Europa, con Canarias como principal puerta de entrada. En 2024, hasta 46 embarcaciones que partieron de esta isla desaparecieron sin dejar rastro. Los naufragios son recurrentes en la zona, con todas las consecuencias que ello implica: pocas personas que sobreviven al suceso y cuerpos que nunca se logran recuperar. La pequeña aldea se ha convertido así en un punto caliente donde se concentran muchos de los riesgos de la peligrosa travesía atlántica.

La realidad se refleja en datos. En los últimos meses de 2025, cerca de 400 personas perdieron la vida en naufragios de cayucos que partieron de este mismo enclave. El más reciente ocurrió el 31 de diciembre, cuando una embarcación con cerca de 200 personas a bordo volcó poco después de zarpar. El Ministerio de Defensa de Gambia informó que el cayuco fue localizado «encallado en un banco de arena». Equipos de emergencia, pescadores y voluntarios trabajaron durante días en las labores de búsqueda. Las investigaciones preliminares apuntan a que la embarcación se dirigía al océano Atlántico para iniciar la ruta canaria, considerada la más peligrosa y mortífera del mundo.

Lejos de tratarse de un caso aislado, estos números reflejan la dimensión de la crisis y muestran cómo la isla se ha transformado en un lugar crítico de la ruta canaria. Un verdadero punto negro para quienes se lanzan a la travesía en embarcaciones frágiles, precarias y sobrecargadas.

Ante la tesitura, activistas gambianos advierten de un cambio de tendencia en las rutas migratorias de África Occidental. Una tendencia que queda reflejada en el informe reciente de The Fatu Network: en 2024, al menos 1.254 gambianos desaparecieron y 1.603 murieron intentando alcanzar las costas canarias. La magnitud de estas cifras resulta especialmente alarmante si se tiene en cuenta que Gambia –que es uno de los países más pequeños del continente africano– no supera los tres millones de habitantes.

A bordo de los cayucos que parten de Jinack no solo viajan personas procedentes de Gambia, sino también de países vecinos como Mauritania y Senegal, dos lugares clave para comprender la dinámica de la ruta atlántica hacia Europa. La isla, que en tamaño equivale a La Graciosa, parece a primera vista pequeña y tranquila, pero hoy se ha convertido en escenario de una de las caras más duras del fenómeno migratorio.

Las víctimas

La tendencia además queda reflejada en los datos de interceptaciones: en 2024 fueron detectados 4.784 migrantes gambianos a bordo de 47 embarcaciones diferentes –11 en aguas de Gambia, 13 en Senegal, 17 en Mauritania y seis en Marruecos–. Al mismo tiempo, 4.217 migrantes lograron llegar a Europa en 151 embarcaciones procedentes de Argelia, Mauritania, Marruecos, Senegal y la propia Gambia.

De las víctimas mortales se sabe poco, aunque se cree muchas quedaron varadas o fallecieron en Túnez. Lo que ocurre en la aislada aldea de Jinack refleja solo una fracción de la crisis más amplia que atraviesan numerosos países africanos, donde miles de jóvenes se embarcan cada año en travesías que no ofrecen garantías de supervivencia. Estas muertes y desapariciones erosionan el tejido social y económico de países como Gambia. Las perspectivas a corto plazo son poco alentadoras.

Naufragios

La cronología de los naufragios en aguas gambianas se remonta a 2019, y la situación no ha hecho más que agravarse. Al naufragio del 31 de diciembre se suma otro que ocurrió el 17 de noviembre, cuando una embarcación que partió de la isla desapareció sin dejar rastro, con unas 190 personas a bordo. Las condiciones meteorológicas extremas elevan el riesgo de naufragios, y la falta de alternativas económicas sigue empujando a miles de personas a embarcarse en cayucos. Jinack, que en el pasado era conocida por su pesca y su vida costera, se ha convertido en un foco de atención nacional por su papel en la migración irregular hacia Europa. La debilidad del sector pesquero en África ha empujado a miles de jóvenes de países vecinos, como Senegal, a buscar oportunidades fuera de sus comunidades a bordo de estas embarcaciones. No resulta extraño, por tanto, que esta misma dinámica esté afectando ahora a la población de Jinack, una zona que aún no ha desarrollado el turismo como motor económico y cuya subsistencia depende en gran medida de la pesca.

Las autoridades gambianas aseguran que centrarán sus esfuerzos en abordar esta problemática, con el objetivo de reducir los riesgos y evitar que miles de personas arriesguen sus vidas en la travesía hacia Europa. La urgencia de la situación es evidente: según la investigación elaborada por The Fatu Network, más de 500 personas han perdido la vida en aguas gambianas en los últimos años.

En este contexto, el océano Atlántico se ha convertido en un auténtico cementerio de vidas. Cada día, una media de cinco personas mueren en el intento de alcanzar las costas canarias. Esta tragedia ha dejado ya 1.906 víctimas mortales en 2025 a lo largo de la ruta atlántica, que se mantiene un año más como la más letal del mundo. Todo ello ocurre, además, en un escenario de descenso de llegadas a las Islas, que este año se han reducido en un 60%, lo que subraya la peligrosidad extrema del trayecto.

Sin embargo, este descenso no implica el cierre de las rutas migratorias. Al igual que Jinack, otras zonas se han consolidado como nuevos puntos de partida, entre las que destaca Guinea Conakry. Esta dinámica coincide con la implantación de nuevos mecanismos de control en Mauritania. En este contexto, la ruta mauritana hacia Canarias se ha convertido, con amplia diferencia, en la más mortífera: acumula 1.319 fallecidos, frente a la ruta Agadir–Dajla —la segunda más letal—, que registró 245 víctimas. El descenso observado responde a « circuitos migratorios distintos, con perfiles, trayectorias y lógicas de movilidad propias, que no son intercambiables y, por tanto, no pueden interpretarse como una sustitución de una ruta por otra», advierte la ONG Caminando Fronteras.

Suscríbete para seguir leyendo

Más noticias
Noticias Relacionadas