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Qué causó el trágico naufragio en Indonesia? Un experto descarta un fallo en el motor y apunta a posibles negligencias de la tripulación

Ocho días después del trágico naufragio en Indonesia en el que cuatro de los seis miembros de una familia valenciana desaparecieron tras hundirse el barco en el que viajaban de la isla de Komodo a la isla de Padar, la comunidad internacional trata de buscar respuestas a la gran incógnita que ahora la policía trata de resolver: ¿Qué pasó aquella noche en el mar de Flores para que la embarcación turística se hundiera rápidamente? Por el momento, la única certeza en este caso es que el naufragio se produjo tan rápido que Fernando Martín Carreras y tres de sus hijos no tuvieron tiempo de salir del camarote y se quedaron atrapados en el interior.

Tras una semana de intensa búsqueda, en la que están participando más de un centenar de efectivos liderados por agentes de la Agencia Nacional para la Búsqueda y Rescate (Basarnas), los rastreadores solo han conseguido localizar el cuerpo sin vida de una de las menores, una niña de 12 años. Su madre, Andrea Ortuño, y otra de sus hijas, de siete años, fueron rescatadas con vida junto a todos los miembros de la tripulación. Mientras el operativo sigue trabajando para encontrar a los tres desaparecidos, incorporando nuevas tecnologías para facilitar la tarea, la Policía Regional de Nusa Tenggara Oriental (NTT) ya ha comenzado a interrogar a 17 testigos, entre ellos los miembros de la tripulación que fueron rescatados y los responsables de la compañía propietaria del barco.

El escenario más probable

El objetivo es esclarecer las causas que provocaron el naufragio y confirmar, entre otras cuestiones, si este estuvo causado por un «fallo repentino del motor» que dejó el barco a merced de las tres olas de 2,5 metros sobre el nivel del mar que embistieron a la embarcación, como apuntaba un informe inicial y aseguraba el capitán del barco, o si el suceso que ha destrozado la vida de cuatro familias fue el resultado de una concatenación de errores y malas decisiones de la tripulación agravados por posibles negligencias del operador, como apuntan cada vez más indicios.

Trabajos de búsqueda de los tres españoles desaparecidos tras el naufragio de una embarcación en Indonesia. / Basarnas Maumere

Esta segunda hipótesis es la versión «más probable» para expertos de la región en la que se produjo el accidente náutico, que ven más que cuestionable que la muerte de la niña española -la única confirmada hasta la fecha- y la desaparición de su padrastro y de sus dos hermanos estuvo causada por problemas técnicos del motor. En una entrevista publicada por el diario local The Hey Bali News, el fundador del medio balinés analiza el tema con un antiguo capitán de barco de alto rango y armador, un hombre con más de 25 años de experiencia, que plantea otros escenarios posibles que causaron la tragedia.

¿Por qué no pudieron salir?

Estos no solo contradicen rotundamente la teoría del fallo del motor, algo que califica como una «coartada frágil», sino que además relacionarían las causas del hundimiento. Además, ponen en evidencia «importantes lagunas lógicas» en la secuencia de acontecimientos que cuestionan la responsabilidad de los responsables en cubierta, es decir, de la tripulación.

El experto descarta que el naufragio estuviera causado en un fallo técnico pues de haber sido así, debería haber dado tiempo a evacuar a todos los ocupantes. En caso de que fuera cierto, apunta, el ingeniero de la sala de máquinas también estaría entre los desaparecidos. «Es la persona en mayor peligro y la primera en quedar atrapada al estar ubicada (la sala) en la parte más baja del casco del barco». La realidad es que este miembro de la tripulación consiguió salvarse, mientras que Fernando y los tres menores que estaban en el camarote con él, ubicado en una zona superior a la sala de máquinas, son las únicas víctimas. Así, el capitán subraya que el rescate exitoso de toda la tripulación constituye una prueba «contundente» que desmonta esta teoría y plantea un escenario «más rápido y más brutal».

En este sentido, apunta a un «error de navegación decisivo» como el escenario «más lógico y coherente» en el que la embarcación podría estar circulando «a toda velocidad, entre 13 y 15 nudos» mientras en el mar se estaba produciendo un fuerte oleaje. «En condiciones normales y a una velocidad prudente el barco habría levantado la proa. Sin embargo, la alta velocidad y ese oleaje ocurrió algo fatal», afirma. Esto provocó una serie de consecuencias «instantáneas y en cascada» que derivaron en una entrada masiva y rápida de un volumen colosal de agua que inundó en segundos la parte delantera del barco. Es, a su juicio, lo que causó el fallo del motor que habría quedado acreditado, y que dejó de funcionar, argumenta, al haberse inundado la sala de máquinas.

Un error humano «decisivo»

El experto añade que como consecuencia de la presión del agua, que estaba entrando a toda velocidad, las puertas del camarote en el que estaban las víctimas quedaron bloqueadas y afirma que abrirlas era una tarea «casi imposible» porque esa presión «es inmensa, como intentar empujar una puerta cerrada por un coche». Este escenario que plantea, defiende, explicaría algunos aspectos clave, como por qué no hubo tiempo para la evacuación o cómo logró sobrevivir el ingeniero de máquinas: «El desastre se desarrolló en segundos, pero no en 10 o 15 minutos», mientras que el ingeniero de la sala de máquinas pudo sobrevivir porque el agua «estaría entrando por delante o por encima, y este tenía la oportunidad de huir por popa a hacia arriba antes de que se llenara la sala por completo».

Trabajos de búsqueda de los cuerpos de los tres valencianos que aún permanecen desaparecidos en Indonesia. / SAR Indonesia

Asimismo, ve indicios más que suficientes que probarían que la tragedia de Indonesia se debe a «un error humano decisivo». «Esta no es la historia de un motor defectuoso y la furia de la naturaleza» que traicionó a la tripulación del KM Putri Sakinah en alta mar, aclara, sino que se trataría de una negligencia de la operadora, que derivó en una «cadena de acontecimientos» que «comenzó con una decisión al timón«. A este respecto, recuerda que esa noche se emitieron informes que alertaban de las peligrosas condiciones del mar que llevaron a la tripulación de otro buque, el KM Kifatsa, a cancelar su viaje a Padar y dar la vuelta inmediatamente al escuchar estos informes. «Eso prueba que la información ya circulaba entre los marineros esa noche. La decisión de continuar navegando a alta velocidad en la oscuridad fue un cálculo de riesgo erróneo, un error humano decisivo», remarca.

Interrogan a 17 testigos

Investigadores de la Policía Regional de Nusa Tenggara Oriental (NTT) ya han comenzado a interrogar a los 17 testigos del suceso, entre ellos los miembros de la tripulación que fueron rescatados y los responsables de la compañía propietaria del barco, para esclarecer las causas y confirmar si la versión esgrimida por el capitán del barco y las personas que viajaban con él se corresponden con los hechos, o si, como sostiene el análisis realizado por el experimentado capitán superior entrevistado, más que un caso fortuito y desafortunado, «estamos ante un accidente causado por negligencia que conlleva un gran potencial de negligencia operativa».

Así, concluye, «ya no se trata de una ola de dos metros que apareció repentinamente, sino de la decisión de navegar en condiciones extremas y de mantener la velocidad en la oscuridad». A este respecto, apunta a la responsabilidad del capitán del barco, como máxima autoridad, quien, en teoría, «comprende tanto las características de su embarcación como las del mar que navega». «El hecho de que otro barco diera marcha atrás al recibir información meteorológica es prueba irrefutable de que los riesgos esa noche eran previsibles y deberían haberse previsto», sentencia el analista, quien ve necesario llevar a cabo una investigación «exhaustiva y transparente» para evitar que tragedias como esta vuelvan a repetirse. Para ello, remarca, es prioritario ser más estricto en algunos aspectos como la cualificación de los capitanes para rutas extremas o la preparación para emergencias de los buques turísticos.

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