La propuesta es un párrafo dentro de un documento de 125 páginas, pero la posible incorporación de un «nivel de alerta adicional por encima del rojo» que sea de color negro se ha erigido en el símbolo del debate en torno al Plan Director de Análisis, Anticipación y Reacción ante Catástrofes Naturales, el documento que la Vicepresidencia Segunda y Conselleria de la Reconstrucción propone como nueva guía a llevar a cabo ante las emergencias, no obstante, la cita a la implantación de una alerta negra no es del todo nueva y que, de hecho, esta misma semana ha sido emitida en Hong Kong.
“Se tendría que haber avisado a la población cuando la Aemet decretó la alerta roja, 24 horas antes, la tarde noche del lunes. Habría que cambiar la simbología de las alertas, poner alerta negra para que la gente se dé cuenta de que corre peligro”. Son palabras a este periódico del climatólogo y catedrático de Análisis Geográfico Regional, Jorge Olcina, el 31 de octubre de 2024. Más de nueve meses después, y con el borrador del plan encima de la mesa (actualmente en fase de audiencia ciudadana), Olcina remarca que lo «más importante» de cara a la reacción ante una posible catástrofe es que la población «conozca los niveles de alerta y sepa qué representan y qué riesgos conllevan».
Es ahí cuando explica que una alerta negra podría ser «de alto impacto» para esa reacción de la ciudadanía ante un evento extremo, aunque matiza que el color es «secundario». «La pieza básica para cualquiera acción de prevención es saber reaccionar, la educación para el riesgo y tener una comunicación efectiva», indica el experto. Es decir, por una parte, y de manera previa una educación para que la ciudadanía sepa el significado de cada nivel de alerta y las actuaciones asociadas, pero por otra, que cuando se dé una circunstancia adversa, «se vaya informando con precisión horaria», matiz que introduce como cierta pulla, «con toda forma posible», citando desde vehículos con megáfonos, redes sociales, mensajes móviles o a través de los medios de comunicación.
Un momento de la clausura de la primera conferencia de expertos en cambio climático y territorio en el Mediterráneo ibérico organizada por la Universitat de València. / Francisco Calabuig
En ese punto también incide el catedrático de Geografía Humana, Joan Romero. «Está bien siempre y cuando la población sepa qué significan los niveles de alerta», ahonda Romero. El investigador universitario va más allá y señala la necesidad de que la emisión de unas determinadas alertas conlleven «automatismos», es decir, actuaciones sin necesidad de «decisiones subjetivas», algo que se encuentra contemplado dentro del plan elaborado por Gan Pampols que propone, por ejemplo, restringir el tráfico no esencial de manera automática cuando haya una alerta roja.
Romero aplaude que el proyecto de la Vicepresidencia Segunda tenga como núcleo central la «cultura de la prevención» y la concienciación social y considera que si se desarrolla todo lo que se expone se tendrá una «estructura más sólida» ante catástrofes. No obstante, el académico lanza algunas ideas de mejora, como la necesidad de pensar en clave metropolitana en la revisión de los planes de emergencias o incorporar a los planes de formación previstos a los equipos de gobierno en los ayuntamientos, incluyendo a técnicos y no solo a concejales, a los medios de comunicación y al poder judicial.
La respuesta de Aemet
Pero esa posible alerta negra apela de manera indirecta a Aemet que incluso ha contestado, sutilmente y sin citar, a la propuesta en sus redes sociales. «Aemet emite avisos ante el peligro que puede suponer un fenómeno meteorológico. Los organismos de Protección Civil reciben los avisos y declaran alertas tras valorar el riesgo y vulnerabilidad de la población», señalan con una imagen en la que muestran los tres colores actuales y su significado. Al lado del rojo: «peligro extraordinario». Y añade: «El uso de los diferentes criterios de valoración en los sistemas de Protección Civil de cada región puede dar lugar a que los avisos no coincidan con los decretos de alerta».
Preguntado por la cuestión, el delegado de Aemet en la Comunitat Valenciana, Jorge Tamayo, recuerda que los tres colores (amarillo, naranja y rojo) que emite la agencia están consensuados en toda Europa y que los valores en los que cambia de uno a otro se basan en umbrales territoriales. A partir de ahí, reduce la necesidad de una nueva alerta negra porque ya se dan «pocos avisos rojos», recordando que el del 29-O fue el primero por lluvias de 2024.
Esta hipotética alerta negra la emitiría Emergencias de la Generalitat a partir de un aviso rojo de Aemet lo que, para Tamayo, podría reducir la sensación de peligro de una alerta roja de Protección Civil ante un aviso rojo de Aemet. «Ya no sería el máximo», añade. Eso sí, admite que dentro de un aviso rojo se podrían hacer puntualizaciones de un «impacto extremo» al tiempo que añade una última reflexión: «Ya no se trata de preguntar qué tiempo hace, sino qué hace el tiempo; hemos de fijarnos más en el impacto que en el propio fenómeno meteorológico».
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